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Opinión

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Ucrania como Checoeslovaquia

¿Por qué no lanzar programas productivos de emergencia para producir excedentes de los productos que la guerra de Putin está encareciendo tanto?

En términos históricos, la invasión del ruso Putin a Ucrania evoca a la anexión por parte de Adolfo Hitler de Checoeslovaquia en el año 1938. El argumento esgrimido por los invasores se parece en ambos episodios: la existencia de importantes contingentes de connacionales en los espacios en disputa. Pero la motivación verdadera –apenas disimulada– es la ambición por conseguir territorios para ampliar su respectivo imperio. Apoderarse de los territorios y, desde luego, de las riquezas naturales que contienen. En 1938, la reacción de las democracias occidentales llevó a conseguir un ridículo papelito con una falsa promesa de “paz para nuestros tiempos”. En la actualidad, es la imposición al invasor Putin de sanciones económicas punitivas para Rusia.

En su momento, la negociación con Hitler que llevó a la anexión de Checoeslovaquia se vio en México como algo totalmente remoto que no nos atañía. La visión era altamente miope y el tiempo habría de demostrarlo. Actualmente, el conflicto en Ucrania le ha provocado a la economía mexicana una catarata de presiones alcistas que impactan como choques exógenos. Pero ni siquiera se vislumbra por parte de las autoridades mexicanas un programa de reacción no únicamente para enfrentar esos impactos inflacionistas del exterior como tampoco una posible respuesta para usufructuarlas. Pregunta planteada por in ingenuo: a la vista de las espirales alcistas del trigo y del maíz que está causando el conflicto en Ucrania y en los precios de los energéticos ¿no sería conveniente lanzar programas productivos de emergencia para producir de manera excedente los productos que la guerra que detonó Putin está encareciendo tanto?

Dos cosas están clarísimas en cuanto al conflicto que se desarrolla en Ucrania. La primera, que las sanciones económicas decretadas por las potencias occidentales no van a detener a Putin de sus ambiciones expansionistas por la vía militar. La segunda es que a pesar de que esas sanciones van a causar a la economía rusa un gran daño en la forma de Producto Interno Bruto (PIB) perdido, no van a afectar en lo mas mínimo al déspota Putin en su bienestar personal.

Las potencias occidentales tienen que pensar en formas de poder verdaderamente causar daño en lo individual a Putin. Por ejemplo, se sabe que es inmensamente rico y posiblemente, también, que parte importante de su fortuna se encuentra invertida en el exterior. ¿Por qué no tratar de amenazar la integridad de esa fortuna seguramente mal habida?

bdonatello@eleconomista.com.mx

Columnista

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