Lectura 4:00 min
Se acabó la 4T en materia de seguridad
El asesinato de dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas en el templo católico de Cerocahui, una pequeña comunidad ubicada en la sierra Tarahumara, ha provocado una ola de indignación y repudio. Los religiosos trataban de ayudar a un hombre que entró a la iglesia en busca de refugio. Sus perseguidores armados, sin recato ni consideración alguna, dispararon en contra de los tres.
La Compañía de Jesús en México condenó los asesinatos y demandó justicia. “Estos no son hechos aislados. La sierra Tarahumara, como otras regiones del país, enfrenta condiciones de violencia y descuido que no han sido revertidas”, dijo, según el reportaje del Wall Street Journal.
La Conferencia Episcopal de México fue aún mas lejos. Denunció que el crimen “se ha adueñado de las calles, de las colonias y de pueblos enteros, además de caminos carreteras y autopistas”. La violencia que los criminales ejercen ha alcanzado “niveles de crueldad inhumana, en ejecuciones y masacres que han hecho de nuestro país uno de los más inseguros y violentos del mundo”.
Los obispos de la Iglesia Católica hicieron un llamado al gobierno federal. “Es tiempo de revisar las estrategias de seguridad que están fracasando”, le dijeron al presidente López Obrador. Es tiempo de escuchar a todas las voces que reclaman un cambio a las políticas de seguridad. “Creemos que no es útil negar la realidad y tampoco culpar a tiempos pasados de lo que nos toca resolver ahora”, remataron.
La respuesta del presidente López Obrador llegó de forma inmediata. “No vamos a cambiar la estrategia”, dijo el político tabasqueño. “Quienes deben de reconocer que se equivocaron y que los errores en política son como crímenes, en el mejor de los casos, son nuestros adversarios”, exigió.
El primer mandatario de México se declaró satisfecho con los resultados de su estrategia de seguridad. “Llegamos y empezamos a contener. Nos costó muchísimo detener el incremento de homicidios”. El principal logro de su gobierno hasta ahora consiste en parar la tendencia al alza en asesinatos, ejecuciones y masacres. “Sí se ha avanzado y vamos a avanzar más”, afirmó ufano.
Pero “detener el incremento de homicidios” equivale a mantener la violencia criminal en la cresta de la ola que se formó en los últimos años del sexenio de Peña Nieto. El número de homicidios dolosos en el actual gobierno llegó en mayo pasado a 121, 642. Con ello, en sólo tres años y medio, ha rebasado la cifra total de asesinatos durante todo el sexenio de Felipe Calderón.
Incluso si logra evitar un repunte en la tasa de crecimiento, con la actual tendencia el gobierno de López Obrador va camino a superar los 156,437 homicidios dolosos registrados durante el sexenio de Peña Nieto.
Nada de esto se parece a lo que el político tabasqueño prometió en su campaña por la presidencia. “Yo voy a conseguir la paz, ese es mi compromiso”, dijo en enero de 2018 ante 2,000 personas reunidas en un mitin en Izamal, Yucatán. “A la mitad del sexenio ya no habrá guerra”, precisó a los presentes.
Más recientemente, en abril de 2019, ya como presidente de la República, López Obrador reiteró la promesa. “En seis meses habrá resultados en seguridad”, dijo en Minatitlán, Veracruz, lugar en que 13 personas habían muerto asesinadas en un ataque del crimen organizado. En enero de 2020 corrigió: los resultados en materia de seguridad se verían hasta finales de ese año.
La respuesta al crimen de la Tarahumara muestra un gobierno rebasado por la realidad. Fallaron sus soluciones simplistas al complejo problema de una violencia criminal. Pero no tiene otra cosa que ofrecer más que propaganda.
*Profesor del CIDE.
Twitter: @BenitoNacif