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Opinión

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Morena tiende otra trampa al PRI

El diputado Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, suele describirse a sí mismo como un “político profesional”. Alito, como también se le conoce en los pasillos de San Lázaro, se presenta como un político de tiempo completo; alguien con la capacidad de construir y respetar acuerdos con aquellos que tienen intereses o posiciones distintas.

Sin embargo, el oficio del político también supone la habilidad de evitar malos tratos; el olfato para rechazar acuerdos que en apariencia son muy atractivos, pero que merman tu capital político. Alito cayó en una de estas trampas, tejida por su propia impericia.

Le quitó de encima al presidente López Obrador la presión de convertir a la Guardia Nacional en un cuerpo de seguridad pública profesionalizado y sujeto a un mando civil, antes de que concluyera su sexenio. El político tabasqueño podrá terminar su periodo sin ningún avance real en la realización de este mandato constitucional.

Gracias a los votos del PRI en el Congreso, López Obrador heredará a quien lo suceda en la presidencia un ejército en las calles y una Guardia Nacional militarizada hasta la médula. También dejará tras de sí el récord macabro de muertes violentas en un sexenio, signo indiscutible de una política de seguridad fallida.

Poco parece haber ganado el PRI de Alito a cambio. El ejército está agradecido, pero la simpatía de los generales de nada sirve para ganar elecciones. Los ataques de Layda Sansores, la gobernadora de Campeche, continuarán a conveniencia. Los expedientes siguen abiertos en las fiscalías y en cualquier momento pueden reactivarse. No hay ninguna garantía que el acoso y la persecución política cese.

Un buen acuerdo debería en principio fortalecer a quien lo suscribe. Pero la iniciativa para extender la participación de las fuerzas armadas en labores policiacas por cuatro años más puso al PRI de Alito en una situación de mayor debilidad. En lugar de profesionalismo, su actuación refleja pusilanimidad. En vez de respeto, consiguió el desdén de su contraparte.

Así lo hizo ver el propio secretario de gobernación, Adán Augusto López, al referirse a Alito en tono sarcástico durante la reunión privada con diputados de Morena, PT y Partido Verde en San Lázaro. Reveló que tenían con el dirigente del PRI un entendimiento en torno a la frustrada reforma eléctrica de López Obrador. Luego se burló de él porque grabó sus conversaciones el senador del Partido Verde, Manuel Velasco.

Pero la mayor señal que el PRI de Alito transmite debilidad ha sido la reactivación de la iniciativa de reforma electoral de López Obrador en la Cámara de Diputados. Los operadores políticos del presidente están convencidos que a base del acoso e intimidación pueden conseguir los votos del PRI –y parte del PRD– para aprobar los cambios constitucionales ordenados desde Palacio Nacional.

Con mucha maña, Adán Augusto López dijo a los medios de comunicación que hay un acuerdo de gobernabilidad entre Morena y el PRI. “Vamos a intentar construir una verdadera reforma electoral”, dijo el inquilino del palacio de Cobián. Incluso habló de “recuperar otros temas como la reforma eléctrica”. Puso nerviosos a muchos.

Pero la reforma electoral es una caja de Pandora para el PRI. Alito sabe que difícilmente hay un acuerdo posible en torno a las propuestas presentadas por el presidente López Obrador. Si la abre, puede terminar entregando el poder a perpetuidad a la 4T y reestablecer la “dictadura perfecta”, ahora basada en la hegemonía de Morena.

Por ello, Alito salió a negar el supuesto acuerdo con Morena en torno a una reforma electoral. Dijo que el PRI no apoyaría ningún cambio que mermara la autonomía del INE o el Tribunal Electoral. Su palabra, sin embargo, ha perdido toda credibilidad. Fue el costo de su aventura política a favor de prolongar la militarización de la seguridad pública. Ahora tiene una oportunidad de recuperarla al menos parcialmente, si resiste la tentación y rechaza la trampa que Morena le vuelve a tender.

*Profesor del CIDE.

Twitter: @BenitoNacif

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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