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Opinión

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Migración

Si la migración mundial fuera un país, sería el quinto más poblado, después de China, India, Estados Unidos e Indonesia. Suma 290 millones de personas. Son los parias del mundo. Pasan las pruebas del infierno (delincuencia organizada, retenes, extorsiones, xenofobia) antes de llegar a su destino incierto. Pese a los riesgos, los migrantes del mundo siguen queriendo instalarse en Estados Unidos o en Europa. Nadie quiere irse a Moscú o a Pekín.

Un ejemplo de la importancia económica de los migrantes para los países desarrollados es que, si se prohibiera la contratación de un millón de trabajadores indocumentados en la construcción en el estado de Texas, se tendría una crisis.

Si bien el 90% de los empleos creados en Estados Unidos en los últimos 20 años está en sectores de salarios bajos, estos son un gran alivio para los migrantes.

México, además de su propia migración hacia Estados Unidos y Canadá, es un país de tránsito de migrantes que quieren irse a Estados Unidos o quedarse en México. Quieren trabajar, pero en nuestro país esa posibilidad es difícil. México, por su crecimiento demográfico, demanda un millón 200,000 empleos cada año y nunca se ha logrado la creación de ellos a ese nivel, incluso con tasas de crecimiento económico altas. Por esto aumenta el desempleo y la migración mexicana. México es un exportador de mano de obra.

La migración irregular hacia México como trampolín para irse hacia Estados Unidos tiene ahora niveles récord de aumento. De enero a julio de este año llegaron a nuestro país 317,000 personas y solo en el mes de julio fueron 72,000.

El origen de estos migrantes es variado. Llegaron de Venezuela, Ecuador, Haití, Honduras, Guatemala, Azerbaiyán, India, Kazajistán, Nepal, Bangladesh. En la frontera de México con Estados Unidos intentan cruzar 500 personas cada día.

A México le llegan 60,000 millones de dólares anuales de Estados Unidos por remesas que envían los mexicanos radicados en ese país. Es uno de los factores económicos positivos que sostienen al país. Otros son las exportaciones, la inversión extranjera directa, el consumo y el turismo.

La migración mundial tiene diversas causas, todas ellas de origen siniestro. Por ejemplo, la salida de millones de ucranianos de su país por la invasión rusa con efectos depredadores, pero sobre todo la muerte de vidas humanas; en Sudán, la salida de un millón de personas que han emigrado por la crisis alimenticia creada por la invasión rusa a Ucrania que destruyó el abastecimiento de alimentos a África y al Medio Oriente; De Venezuela, Ecuador, Haití, Honduras y Guatemala, así como de países asiáticos, la población huye por la pobreza, la inseguridad, la falta de empleos, del narcotráfico que se ha apoderado de los países creando terror.

Las imágenes que vemos de un barco a la deriva en el Mediterráneo lleno de migrantes que se hunde, o personas que viajan amontonados en un camión adaptado para transportar cientos de ellos hacia Estados Unidos, nos dan el humillante mensaje de que hay vidas de segunda.

A nivel mundial y por países estamos necesitando de un sistema de asilo y gestión de la migración que sea efectivo y solidario. El problema es internacional porque hay países expulsores y receptores de población migrante. El enemigo es el nacionalismo y la xenofobia.

smota@eleconomista.com.mx

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