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Opinión

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Educación dual en el Istmo

Ahora me entero de la buena propuesta de impulsar la educación dual en el proyecto del Corredor del Istmo...

De los cuatro proyectos emblemáticos del gobierno de la 4T, el único que no carga con la perspectiva de convertirse en un elefante blanco (costoso e improductivo), es el Corredor del Istmo. De manera paradójica, es el menos celebrado por el presidente AMLO en sus ya tristemente célebres conferencias mañaneras.

Tuve el privilegio intelectual de entrevistar largamente a don Antonio Ortiz Mena, el muy exitoso secretario de Hacienda de 1958 a 1970. Por su conducto me enteré de la idea de construir un ferrocarril, con sus respectivos puertos de desembarque, en la cintura del territorio nacional. El concepto era genial y clarísimo: competir contra el Canal de Panamá, no mediante el cruce de los barcos de un océano al otro, sino mediante el traslado de las mercancías en contenedores. ¡Eureka! Indudablemente, debería dársele el reconocimiento que se merece a Ortiz Mena.

Ahora me entero de la buena propuesta de impulsar la educación dual en el proyecto del Corredor del Istmo. ¡Si la fórmula les funcionó a sus creadores, los alemanes, por qué no implementarla en México con su asesoría, en coordinación con la Cámara Mexicano Alemana de Comercio e Industria! La propuesta de que las instituciones de educación y las empresas productivas colaboren en la formación profesional de los estudiantes me parece muy prometedora. Ojalá funcione. Según la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, en el modelo de educación dual, la parte que le corresponde a las empresas es que llevan a los estudiantes “a prácticas desde que están en la carrera, desde el primer año…” En esa forma, cuando se gradúan están ya preparados para ser sujetos de contratación. Y a la fecha, ya se ha capacitado a 160 instructores.

Pero no estoy seguro de que la implementación de ese esquema será suficiente por si misma para la localización masiva de empresas en los polos de desarrollo dentro de ese proyecto. Hasta ahora, no ha habido manifestaciones de una avalancha de inversiones en esa zona. Ni siquiera con el gran atractivo que se ha desatado por el llamado nearshoring, tan en boga.

A lo mejor, lo que están esperando los inversionistas y las empresas es el advenimiento de un gobierno menos irracional e ideológico. Un gobierno que les ofrezca seguridades y mejores perspectivas para la inversión. En otras palabras, revertir de manera general y deliberada el frenesí de destrucción que ya se alarga por cinco años.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Columnista

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