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Desinflándonos
Como un viento fresco, llegan buenas noticas que tanto se requieren y se abrazan en estos días aciagos. Algunos dirán que son buenas a medias, pero al fin y al cabo son componentes importantes que en el gran plano económico, pueden crear horizontes más promisorios que aquellos que se avistaban entre bruma hace pocos meses. Así, el INEGI ha dado a conocer el Índice de Precios al Consumidor, de cuya información se desprende el que, de septiembre del año pasado a la fecha, la inflación anual ha tenido una significativa disminución de un 3.64%. No es cuestión menor, y por supuesto que impacta positivamente a la economía de los mexicanos. Pero, (si existen algunos peros) si desenmarañamos los números en donde reposan las reducciones más significativas, veremos que, sin caer en el pesimismo, el grado de provecho que tiene de forma directa hacia los bolsillos del ciudadano, es aún breve.
Lo anterior lo podemos afirmar ya que la mayor concentración de esta disminución se encuentra del lado de la inflación no subyacente; es decir, la reducción está en su mayoría del componente que se integra por bienes y servicios que no responden a condiciones de mercado. Son en consecuencia, aquellos que se ven influenciados por la mano gubernamental en lo que a regulación corresponde.
Lo cierto es que el otro componente de la inflación, es decir, el subyacente, se pondera con mucho mayor peso dentro de la medición de inflación total. Ahí, es en donde se encuentra la mayor sensibilidad por estar alojados los precios de los alimentos; los enseres para vestimenta, los servicios y demás componentes que permiten conocer en conjunto la evolución de precios y dejando fuera los factores externos o coyunturales. Por tanto, dicho lado de la inflación refleja de mejor manera qué tanto está funcionando la política económica en el control de tal fenómeno.
Ahí, la política monetaria aplicada por la banca central, ha tratado de edificar una barrera de contención a la inflación mediante un esquema de alza progresiva de tasas, sin embargo, es notorio que tales acciones han sido insuficientes ya que en conjunto solo se ha logrado una disminución del componente subyacente, en el orden del 29% de la baja total de la inflación. Cabe entonces la reflexión sobre la efectividad del alza de tasas cuando tenemos un panorama tan complejo como por el que transita nuestro país. La incipiente bancarización no impacta de forma directa a los canales no tradicionales de transmisión para la reducción inflacionaria y la política monetaria; es decir, el accionar del Banco de México se tiene que acompañar por toda una compleja política paliativa de los efectos directos que la inflación tiene en el mexicano. El éxito se opaca cuando vemos una disminución en la confianza para invertir y producir que provoca el conflicto social y el apersonamiento constante del crimen.
Twitter: @gdeloya