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Reforma en Iglesia, reto pontíficio
Joseph Ratzinger nunca ocultó creer que el papado es demasiado grande para un hombre.
Joseph Ratzinger nunca ocultó creer que el papado es demasiado grande para un hombre.
Varios días después de haber sido electo en el 2005, el Papa Benedicto XVI -como escogió llamarse- habló como si estuviera en shock. En su primera misa pública, preguntó: Debo asumir esta enorme tarea, que realmente excede la capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? .
En un encuentro con compatriotas al día siguiente, sorprendió a sus feligreses al comparar la experiencia de ser elegido en la Capilla Sixtina con sentirse mareado al observar la hoja de una guillotina cayendo sobre él.
Ahora ha optado por romper seis siglos de tradición y renunció. Y la Iglesia Católica se pregunta si en una era de democracia, televisión ininterrumpida y Twitter, el actual papado -modelado en la monarquía de la era del Renacimiento- sufrirá la misma suerte.
Hubo escándalos de abuso sexual, disputas con musulmanes y judíos, sospechas de lavado de dinero en el Banco Vaticano y meteduras de pata comunicacionales. Los archivos privados robados por el propio mayordomo de Benedicto XVI han documentado la corrupción y las peleas internas entre funcionarios de alto rango del Vaticano.
Benedicto XVI entrega una institución de 2,000 años con una reputación mancillada. Sus enseñanzas son desafiadas por un mundo cada vez más secular y los sacerdotes deben esforzarse por servir a su creciente población.
El hombre que lidere la mayor Iglesia del mundo debe ser un guía espiritual para millones de personas, una inspiración para los oprimidos y el administrador de una burocracia vaticana disfuncional y envuelta en riñas internas.
Thomas Reese, un erudito jesuita y autor de Inside the Vatican, lo define en forma simple: Lo que están buscando en este cónclave es a Jesucristo con una maestría en administración de negocios .
¿Qué salió mal?
Para llegar a la raíz de los problemas de la Iglesia, algunos miran más allá del papado de Benedicto XVI hasta llegar a 1978, cuando tras un periodo turbulento el Papa Juan Pablo II ocupó el trono de San Pedro para reafirmar la doctrina católica ortodoxa y la autoridad vaticana.
El entonces cardenal Ratzinger era el vigilante doctrinal de un papado vigoroso que ahogó la discusión sobre temas como el rol de la mujer en la Iglesia o asuntos sobre la sexualidad humana.
El Papa Benedicto XVI lidió con casos de abuso sexual en los últimos años del papado de Juan Pablo II y cuando se convirtió en Papa, comenzó en forma audaz.
Ordenó que el reverendo Marcial Maciel, fundador de la estricta orden de los Legionarios de Cristo y uno de los favoritos de su predecesor, se retirara a un monasterio como penitencia por su vida secreta como el padre de varios hijos, abusador sexual de seminaristas y consumidor de drogas.
Encubrimientos
Pero la suciedad seguía apareciendo. Cuatro informes oficiales sobre abusos de religiosos contra niños en Irlanda durante cuatro años expusieron detalles sobre pecados de sacerdotes y cómo la jerarquía los encubrió.
Uno de ellos dijo claramente que el Vaticano era cómplice, lo que provocó una reprimenda alguna vez impensable por parte del primer ministro Enda Kenny.
La Embajada de Dublín en la Santa Sede fue cerrada a fines del 2011 y las relaciones continúan tensas.
Entre diciembre del 2009 y abril del 2010, tres obispos irlandeses renunciaron y se disculparon por su mal manejo de los casos de abuso en sus diócesis.
Tal nivel de tolerancia cero no siempre se aplicó a los obispos que protegían a los depredadores en sus diócesis. El cardenal Roger Mahony de Los Ángeles se mantuvo en el cargo durante años pese a acusaciones -que posteriormente se probó que eran genuinas- de que protegió a sacerdotes abusadores.
No existen cifras centralizadas para medir el impacto de estos abusos en las finanzas de la Iglesia. Pero en Estados Unidos un estudio realizado en el 2006 por el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado de la Universidad de Georgetown en Washington, mostró que los católicos fueron menos generosos hacia sus diócesis tras el 2002, el año en que se desataron los escándalos de abuso sexual en el mundo.
En Alemania, alrededor de 180,000 personas abandonaron a la Iglesia Católica en el 2010, un aumento de 40% respecto del año previo.
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