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El oro encadena su cuarta caída mensual: ¿Qué hay detrás del fenómeno?

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Hasta los más optimistas del oro, como Goldman Sachs o Bank of America, empiezan a mostrar sus dudas sobre el mediano plazo del metal. Con el dólar fortalecido, el coste de oportunidad se vuelve patente y el precio no para de bajar hace cuatro meses, con una caída del 25% desde sus máximos de enero.

En este artículo conoceremos los motivos del descenso, pero si te interesan las inversiones y quieres saber más, haz clic aquí para ingresar a la web de OneRoyal, un broker de confianza donde encontrarás información sobre CFDs y acciones predominantes. En su blog podrás conocer los márgenes de resistencia del metal.

¿Por qué cae el oro si la inflación en EE.UU. no afloja?

La inflación subyacente del PCE (el termómetro usado por la Reserva Federal) ronda el 3,5% y va a peor. El shock energético del conflicto con Irán y los aranceles siguen empujando los precios al alza.

En teoría, ese escenario debería ser ideal para el oro, pero la práctica nos muestra otra cosa. El Banco Central Europeo subió tipos en junio. Y la Reserva Federal, bajo su nuevo presidente Kevin Warsh, ha adoptado un tono que ha pillado a muchos con el pie cambiado.

Warsh no dejó margen a la ambigüedad en su primera reunión, ya que presentó la subida de precios como un fracaso de política económica y dejó claro que la Fed garantizará la estabilidad de precios.

Nueve de los responsables del banco central prevén tipos más altos este año. Los futuros sobre los fondos federales descuentan aproximadamente una subida para septiembre y cerca de dos antes de que cierre 2026. Bank of America va más lejos: espera 75 puntos básicos de subida (en septiembre, octubre y diciembre), lo que colocaría el tipo oficial entre el 4,25% y el 4,5%.

Cuando los tipos suben, el oro cuesta más de lo que vale

Hace solo unos meses, el mercado daba por hechos los recortes, pero ahora, el giro ha sido radical en un esfuerzo por frenar la inflación.

El "problema" con el oro es que no paga cupón ni dividendo. El lingote es un refugio de valor y, cuando la deuda pública apenas ofrece rentabilidad, mantenerlo cuesta poco.

Sin embargo, cuando los bonos empiezan a ofrecer rendimientos reales atractivos, el coste de oportunidad se dispara y los compradores se lo piensan dos veces.

No todo lo que brilla es bono

La misma lógica se aplica a la renta variable y a los instrumentos derivados. Cuando la economía genera beneficios, y el beneficio por acción de las compañías del S&P 500 creció un 25 % interanual en el primer trimestre de 2026, los inversores tienen mejores alternativas: acciones que reparten dividendo, CFDs que permiten operar sobre índices y pares de divisas con apalancamiento, y bonos que por fin pagan.

El oro, que no ofrece nada de eso, pierde atractivo y más con un dólar fuerte por encima de los 101 puntos en el índice DXY.

A lo anterior se suma que el paro estadounidense está cerca de mínimos históricos y las tecnológicas presentan beneficios en fuerte expansión. El mercado está premiando el rendimiento y la exposición al dólar, no la acumulación de metales.

Es "poco probable" que el oro alcance los 6.000 dólares en el corto plazo

Hace un año el oro parecía imparable, pero hoy los alcistas reculan. Por ejemplo, Goldman Sachs preveía una cotización del metal a 5.400 en diciembre de este año y ya la recortó a 4.900 dólares la onza, mientras que Bank of America considera "poco probable" que el oro toque los 6.000 dólares a corto plazo.

El analista bancario Michael Widmer lo resumió con una cuenta sencilla: el paso de recortes a política restrictiva reduce el potencial alcista del oro en torno a un 50%.

El soporte técnico clave se sitúa en los 4.100 dólares (una zona que ya ha atraído compradores), con resistencia en la franja de 4.250-4.350 dólares. Si ese soporte cede, el siguiente escalón apunta a los 3.900 dólares.

El mito de los setenta: cuando el oro sí funcionaba (y por qué hoy no)

La idea del oro como refugio automático frente a la inflación es, en gran medida, una herencia de los años 70. Los precios se descontrolaron, las autoridades tardaron en reaccionar y los tipos de interés reales se hundieron en terreno negativo. Los inversores no tenían dónde esconderse y el metal se disparó.

Hoy el escenario es distinto, ya que, si bien la inflación es alta, los bancos centrales suben tipos y los rendimientos reales se mantienen atractivos.

Sin ser este un consejo de inversión, el aprendizaje que parece desprenderse de esta experiencia es no comprar en automático cuando sube la inflación. Si no se cumple una segunda condición, la de los tipos bajos, entonces el lingote pesa más en la cartera que en el bolsillo.

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