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Italia afronta el juicio de los inversionistas
Día 1 después de la dimisión de Silvio Berlusconi. Las calles celebran la salida del Primer Ministro, mientras el jefe del Estado, Giorgio Napolitano, se afana en formar un gobierno de consenso. O, más bien, un Ejecutivo a imagen y semejanza de lo que piden los mercados.
Día 1 después de la dimisión de Silvio Berlusconi. Las calles celebran la salida del Primer Ministro, mientras el jefe del Estado, Giorgio Napolitano, se afana en formar un gobierno de consenso. O, más bien, un Ejecutivo a imagen y semejanza de lo que piden los mercados. Es el segundo de Europa que regirá una nación democrática sin el respaldo de las urnas y lo hará con un horizonte mucho más largo que el de Grecia, puesto que está llamado a cubrir el plazo que le quedaba a Il Cavaliere. Sobre el papel, eso es abril del 2013, aunque ya se sabe: en la política italiana puede pasar cualquier cosa.
El excomisario Mario Monti ha sido el elegido. Un tecnócrata serio y de experiencia contrastada (eso dicen las hemerotecas), que en Bruselas, Alemania y Francia suena tan bien como lo hace Luca Papademos para la nación helena. En su primera comparecencia, Monti ha prometido trabajar con urgencia y darle al país un futuro de dignidad y esperanza .
Porque lo que importa realmente es el día 2 de la era pos-Berlusconi. Este lunes, día lectivo, laborable y con las bolsas europeas abiertas desde la nueve de la mañana. Para el viejo continente, esa es la verdadera prisa y la razón del maratoniano fin de semana que ha gestionado el jefe del Estado italiano, Giorgio Napolitano, para que todo esté listo en ese momento. Los mercados tienen ya la cabeza de quien llevó la prima de riesgo italiana por encima de los 570 puntos base y en su tributo hay un gobierno con el que sólo podían soñar hace unas semanas. ¿Les bastará?
No podemos imaginar que sin Berlusconi nuestros problemas están resueltos, pero ahora podemos empezar a trabajar para resolverlos , es el diagnóstico recogido por Bloomberg del diputado italiano Rocco Buttiglione, miembro de la Unión Demócrata de Centro. Dicho y hecho. ¿O no? Italia sigue teniendo una deuda de 1.9 billones de euros, la segunda mayor de Europa, lo que supone cerca de 125% de su PIB.
Las medidas de austeridad adoptadas este sábado por el Parlamento van en la buena dirección, al menos a juicio de la ortodoxia germana de los últimos tiempos, pero su resultado no será inmediato.
Es cierto que la prima de riesgo ha bajado de las alturas gracias a la intervención del Banco Central Europeo al final de la semana, pero sigue por encima de los 450 puntos, esa línea roja a partir de la cual la principal cámara de compensación bancaria, LCH.Clearnet, asfixia a las entidades financieras al encarecer el acceso a financiamiento.
Todo ello dentro de una Europa cada vez más cerca del estancamiento económico y con muchos países a un paso de la recaída en la recesión, según las últimas revisiones de las estimaciones de instituciones y casas de análisis, y con sus líderes obsesionados aun así por las medidas de austeridad. Y, mientras tanto, Grecia sigue siendo incapaz de pagar sus deudas...
La mayoría de los expertos, con todo, creen que la caída de Berlusconi y el camino que ha emprendido Italia servirán para calmar los ánimos.
Pero muchos se temen que sólo a corto plazo. Si algo ha demostrado esta crisis es que las previsiones catastrofistas tienden a hacerse realidad y ahí están las declaraciones del maestro en estas lides, el economista Nouriel Roubini. Creo que hay una alta probabilidad de que el plan A para Italia demuestre su ineficacia en los próximos 12 meses , aseguraba este fin de semana, en una entrevista con Reuters. El problema es que el plan B que quedaría sería la reestructuración de la deuda y la salida del euro, añadía.