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Trabajar de noche aumenta el riesgo de padecer cáncer de mama
El trabajo nocturno altera el ciclo circadiano y se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama; de acuerdo con expertos en medicina del trabajo, la exposición prolongada a estos horarios puede incrementar la susceptibilidad a tumores en hombres y mujeres.
Acumular más de 8,000 horas de trabajo en jornadas nocturnas duplica el riesgo de padecer cáncer de mama.
El trabajo nocturno, las condiciones laborales, los ritmos biológicos y la exposición a ciertas sustancias inciden en una mayor susceptibilidad de desarrollar cáncer de mamá tanto en mujeres como en hombres.
El solo hecho de que una persona esté despierta y activa durante la noche constituye un factor de riesgo, afirma Erick Iván Pérez Nieto, especialista en medicina del trabajo. Señala que, independientemente de la industria en la que se labore, el trabajo nocturno está catalogado en la categoría 2A de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, es decir, como un probable carcinógeno.
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“El trabajo nocturno y todas estas alteraciones que se pueden documentar forman parte de las matrices de organizaciones internacionales que van detectando este esquema con un riesgo elevado para el desarrollo de tumores, particularmente de mama y próstata”, explica.
De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cáncer de mama representa la neoplasia maligna más frecuente entre las mujeres y es la principal causa de muerte en este grupo poblacional.
Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señalan que, en mujeres de 30 a 59 años el cáncer de mama encabeza las causas de muerte por tumores malignos, con una tasa de 15.3 defunciones por cada 100,000 mujeres, cifra que se eleva a 51.9 por cada 100,000 habitantes entre las personas de 60 años o más.
Trabajar de noche aumenta riesgo de padecer cáncer de mama
Un estudio de caso realizado por la Universidad Autónoma de Querétaro en el IMSS de dicha entidad evidenció que acumular más de 8,000 horas de trabajo en jornadas nocturnas duplica el riesgo de padecer cáncer de mama.
La investigación señala que, en esquemas prolongados de trabajo nocturno, el riesgo es hasta ocho veces mayor. De hecho, la Ley Federal del Trabajo (LFT) reconoce el carcinoma de mama en la tabla de enfermedades profesionales, no solo en sectores con exposición a radiaciones, sino también entre las personas que trabajan en centros nocturnos.
Si bien el cáncer de mama se ha asociado principalmente con las mujeres, Daniel García Sinco, médico especialista en medicina del trabajo en el ISSSTE, enfatiza que los hombres también son susceptibles.
“El cáncer de mama se puede dar tanto en hombres como en mujeres. Aunque la proporción epidemiológica general es de 1 caso masculino por cada 100 femeninos, el origen profesional nos atañe a ambos sexos por igual”, alerta.
Detalla que, en entornos industriales, el riesgo de cáncer de mama en los hombres aumenta cuando la jornada nocturna se combina con la exposición a agentes químicos cancerígenos.
“En sectores como la minería, los laboratorios metalúrgicos, la industria química o las tintorerías, los trabajadores manejan habitualmente solventes orgánicos como benceno o tricloroetileno, los cuales tienen la capacidad de inducir transformaciones tumorales”.
En esa línea, recuerda que las jornadas nocturnas afectan el ciclo circadiano, un proceso biológico esencial que regula funciones a nivel celular, metabólico y hormonal. Al alterar este ciclo, se dañan los mecanismos de vigilancia inmunológica.
“A nivel celular, es como si el policía encargado de detectar y destruir las células defectuosas o malignas tuviera sueño por estar activo a destiempo; simplemente deja pasar estas células atípicas, permitiendo que proliferen”, expone.
El reto de concientizar a los centros de trabajo
Los especialistas coinciden en que el cuerpo humano requiere cumplir, idealmente durante la noche, con ciclos de sueño profundo o fase REM para alcanzar una reparación celular efectiva. Aunque el turno nocturno es indispensable, esto no exime a las organizaciones de reconocer su impacto en la salud del personal.
Por ello, destacan que la estrategia empresarial no debe limitarse a cumplir con el límite de siete horas de trabajo que establece la LFT para la jornada nocturna, sino que debe evolucionar hacia el rediseño de turnos rotativos menos agresivos que disminuyan el tiempo de trabajo durante la noche.
Daniel García recomienda vigilar la salud, informar y sensibilizar al personal sin distinción de género, así como diseñar estrategias de prevención. Incluso si no se cuenta con un médico ocupacional, sugiere acercarse a instituciones públicas para que realicen campañas de salud o faciliten mastógrafos.
Comparte que en plantillas donde la mayoría son hombres se suele cuestionar la realización de campañas como el Octubre Rosa. Sin embargo, cuando llevamos a un compañero hombre que ha sobrevivido a un cáncer de mama y a una mastectomía a contar su experiencia, toman conciencia y comienzan a formarse en la autoexploración mamaria.
Por otra parte, Erick Pérez subraya que “la prevención debe comenzar por la información”, por lo que las empresas deben informar sobre los riesgos para la salud que implica desvelarse de manera constante por motivos laborales.
Recomienda facilitar espacios con camas o dormitorios, así como permitir que los trabajadores de jornadas nocturnas tomen siestas de entre 10 y 25 minutos en el escritorio o en una silla para recuperar energía. Además, aconseja evitar las horas extraordinarias.