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Arte e Ideas

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"Altasangre": el vampiro como metáfora de las élites en el poder

“El gótico no es el castillo ni el frío, sino una pulsación”, dice la colombiana Claudia Amador, autora de la novela "Altasangre", un ejemplo más del apogeo del horror en el mercado editorial, pero, a diferencia del auge de los años 80, esta vez tratado desde una visión femenina latinoamericana.

Claudia Amador, escritora colombiana.Foto EE: Cortesía

Durante siglos, el horror pareció pertenecer a castillos europeos, cementerios ingleses y bosques cubiertos por la niebla. Pero una nueva generación de escritoras latinoamericanas ha comenzado a preguntarse qué ocurre cuando los monstruos nacen entre carnavales, supersticiones, violencia cotidiana y memorias coloniales. Ahí aparece "Altasangre", la novela de la colombiana Claudia Amador (Barranquilla, 1998), que traslada el imaginario vampírico al Caribe para demostrar que el gótico también puede hablar con acento latinoamericano.

En ésta, su ópera prima publicada en México por Hachette Livre bajo el sello Alianza Voces, Amador no busca reinventar al vampiro del norte global, en cambio cuestiona qué permanece vigente de ese arquetipo cuando abandona el castillo victoriano y se instala en una ciudad atravesada por el Carnaval de Barranquilla, las jerarquías sociales y el sincretismo religioso.

"Me demoré mucho en escribir porque no encontraba referentes ni herramientas para entender qué es lo que hace al género algo gótico. No es el castillo ni el frío, sino una pulsación que atraviesa la vida: la decadencia, el tabú, la contraposición entre civilización y barbarie. Todo eso existe también en nuestros imaginarios", explica Amador en entrevista con El Economista.

La novela imagina una sociedad dividida en linajes vampíricos, humanos y mestizos, cuya aparente estabilidad comienza a resquebrajarse con el nacimiento de una niña incapaz de someterse al destino que su familia le ha impuesto. La historia transcurre durante el Carnaval de Barranquilla, celebración inscrita desde 2003 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, donde la autora encuentra un escenario ideal para explorar las tensiones entre libertad, violencia y poder.

Y es que lejos de funcionar como un simple telón de fondo para la novela de Claudia Amador, el carnaval se convierte en una maquinaria simbólica.

"Es un espacio de libertad controlada. Todo el mundo puede ser quien quiera por unos días, pero también es un espacio muy violento. Con una máscara puesta, nadie parece responsable de sus actos. Ahí también se desenmascaran otras pulsiones", reflexiona.

Un territorio de “civilbarbarie”

El desplazamiento del imaginario gótico hacia el Caribe forma parte de una transformación más amplia de la literatura latinoamericana de horror. En las últimas dos décadas, diversas escritoras han utilizado el género para abordar la violencia de género, la memoria, las desigualdades sociales, la religión y los legados coloniales, alejándose del modelo clásico centrado exclusivamente en criaturas sobrenaturales y escenarios europeos.

Nombres como Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero, Liliana Colanzi o Giovanna Rivero han contribuido a consolidar ese diálogo entre lo fantástico y las problemáticas contemporáneas del continente. Y Amador coincide, considera que dicha apropiación responde a una realidad histórica distinta.

"En el gótico clásico el monstruo cuestionaba la seguridad con la que la Ilustración separaba la civilización de la barbarie. Nosotros (en América Latina) no tenemos esa línea tan clara. Somos el resultado de ese choque. Habitamos esa mezcla. Creamos monstruos y también somos señalados como monstruos".

La escritora retoma así una idea desarrollada por la crítica argentina Elsa Drucaroff, quien define a América Latina como un territorio de "civilbarbarie": una convivencia permanente entre impulsos civilizadores y formas de violencia heredadas de la colonia y reproducidas por las propias sociedades contemporáneas.

Bajo esa mirada, el vampiro deja de representar únicamente una criatura fantástica para convertirse en una metáfora de las élites que concentran el poder y lo heredan generación tras generación.

En  "Altasangre", esa estructura adquiere incluso una dimensión económica. Los llamados "purasangre" sostienen su posición mediante el desangramiento —literal y simbólico— de los demás habitantes, mientras las castas mestizas encuentran formas alternativas de relacionarse con el territorio y con los imaginarios populares.

"Hay ciudades intermedias donde todavía conviven dinámicas de pueblo con estructuras de poder casi medievales. Ahí el chisme construye reputaciones, las supersticiones siguen vivas y las élites continúan heredando el poder. Me interesaba pensar qué pasaría si esas élites fueran vampiros", comenta.

Campo fértil para el género

Otro de los ejes que atraviesan la novela es la religión. Para Amador, aunque las nuevas generaciones exploran formas distintas de espiritualidad, el catolicismo continúa proyectando una influencia profunda sobre la manera de entender el cuerpo, el deseo y la culpa.

"La fe me parece un concepto hermoso. Lo complicado es la represión (de las emociones). Esa buena represión cristiana es un caldo de cultivo ideal para el gótico", afirma entre risas.

La escritora sostiene que, precisamente por esa complejidad histórica y cultural, América Latina posee hoy un territorio especialmente fértil para renovar el género.

Si el horror europeo encontró sus fantasmas entre abadías, criptas y castillos, hace unos años ya que la sociedad latinoamericana ha descubierto que este tipo de mitología también pueden habitar carnavales multitudinarios, ciudades portuarias, rituales religiosos y memorias coloniales. Allí, concluye Amador, el monstruo deja de ser únicamente el otro para obligarnos a preguntarnos quién lo creó y qué parte de él seguimos llevando dentro.

El nuevo auge del horror

  • La industria editorial internacional habla desde 2020 de un “renacimiento” del horror, tras casi tres décadas de menor presencia comercial
  • Según NielsenIQ BookData, las ventas de libros de horror crecieron 14% en 2025, impulsadas en buena medida por autoras y por comunidades lectoras como BookTok.
  • El nuevo auge latinoamericano está encabezado por escritoras como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda y Agustina Bazterrica

Portada del libro "Altasangre".Foto EE: Cortesía

“Altasangre”

  • Claudia Amador
  • Alianza Voces / Hachette Livre
  • Año: 2026
  • Páginas: 184
  • Impreso: 229 pesos

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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