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Una bolsa de ignominia
Quienes vemos a México como un país desigual, con enormes carencias, vivimos en el error o no hemos encontrado lentes adecuados para apreciar que el cuerno de la abundancia no es un anacronismo sino viva imagen de un presente boyante.
Quienes vemos a México como un país desigual, con enormes carencias, vivimos en el error o no hemos encontrado lentes adecuados para apreciar que el cuerno de la abundancia no es un anacronismo sino viva imagen de un presente boyante. Tal es el mensaje que nos enviaron la semana pasada el INE y los partidos al aprobar, para las elecciones federales, una bolsa de 6,788 millones de pesos, de los cuales casi 43 son para candidaturas independientes, sin contar las campañas locales. Algunos partidos se quejaron de disparidad en la distribución de esta riqueza y algunos consejeros afirmaron que se debe replantear el modelo de financiamiento y reducir ese gasto. No ahora; después de las elecciones del 2018. Algo de mala consciencia tendrán por no haber propuesto antes evitar este derroche.
¿A quién convence la justificación de que así los partidos no se dejarán financiar por dinero ilegal? Esto implicaría que, a mayor riqueza, mayor ética, lo cual nuestra clase política contradice a diario. ¿Acaso todavía no hay mecanismos institucionales para evitar este ilícito o investigarlo? Creer, por otro lado, que a mayor gasto, mejor calidad de nuestra democracia, es ilógico, a menos que se considere que despilfarro y compra directa o indirecta de votos son medallas democráticas.
Dado que la Secretaría de Hacienda y el Congreso tendrán que presentar y aprobar el presupuesto del 2018, preguntemos si entonces habrá mejorado tanto el PIB que podremos tirar en campañas electorales 22% más que en el 2012. Si el INE lo ha olvidado, los encargados de las finanzas públicas y nuestros representantes deben recordar que en el 2017 los presupuestos de educación, salud y programas sociales se redujeron alrededor de 12, 8 y 4% respectivamente. ¿Aumentarán en la misma proporción para el 2018? Más de alguno lo consideraría irresponsable o irreal. Y sin embargo, aumentar siquiera en 0.22% los recursos destinados a esas áreas sería más benéfico para la democracia que dilapidarlos en la proliferación de espectaculares, bardas, banderines, spots e infomerciales con discursos vacíos y lemas incoherentes.
Para no ahogarnos en cifras billonarias, propongamos al INE y al aparato partidista imaginar cómo podrían invertir mejor los 1,500 millones extra que éste gastará en propaganda y basura. Si, por ejemplo, leen los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica de Relaciones en los Hogares 2016, recién publicados por el Inegi, sabrán que las mexicanas de 15 años y más han vivido y viven una violencia constante y creciente en la casa, la escuela, el trabajo y la calle. En promedio, 66.1% de las encuestadas ha sufrido algún tipo de violencia. Ésta no se reduce de la noche a la mañana, pero puede prevenirse y exige en todo caso medidas de protección para evitar que llegue al feminicidio.
Por ejemplo, para atenuar este daño a la mitad de la población (y del padrón electoral), se podrían destinar 1,000 o 1,500 millones a verdaderas campañas de prevención en todos los estados, para incidir en escuelas, universidades y centros de trabajo. Un tercio podría invertirse en la red de albergues para mujeres maltratadas de por sí insuficiente que requiere de al menos 300 millones de pesos al año, y urge ampliar.
Si creen que las votantes debemos conformarnos con la supuesta paridad y prefieren evitar el espinoso tema de la violencia de género, podrían etiquetar ese monto al DIF para que capacite a quienes deben supervisar los albergues para menores en situación de vulnerabilidad o para crear o mejorar un sistema computarizado que le permita saber cuántos menores están a su cargo y dónde. ¡Ah!, pero éstos no votan... A las universidades tampoco les sobrarían 1500 millones y los jóvenes sí votan. Las personas mayores también votan y muchas no encuentran en los hospitales públicos las medicinas que necesitan. ¿No aplaudirían todos este sacrificio partidista?
Tirar recursos escasos en campañas demasiado largas y en elecciones opacas, luego avaladas por un INE omiso, es una ofensa a la ciudadanía.