Lectura 5:00 min
De Dimitris Papaioannou, una de las joyas del Cervantino
El desfile de imágenes desconcertantes y sublimes del reconocido director teatral experimental recibe buenas críticas en la presentación exclusiva de su obra en el festival guanajuatense. El maestro de las paradojas en un país de paradojas.
Todos los días desde el inicio del Festival Internacional Cervantino (FIC), los periodistas y críticos acreditados para la edición 50 son instruidos a formarse desde las nueve de la mañana en el edificio acondicionado como sala de prensa para anotarse en las listas de asistencia de los espectáculos programados para la jornada según el interés de cada uno. Hay que llegar temprano puesto que muchos de los eventos tienen cupos limitados y las filas son considerables desde los primeros minutos.
Mientras la fila avanza, se conversa sobre los eventos del día, los imperdibles y las razones, y el desafortunado cruce de horarios entre dos actividades de interés en algunos casos, o se socializan los cambios de agenda de último momento y se dan recomendaciones sobre obras ya estrenadas que repiten presentación.
Uno de los imperdibles en el vasto calendario de actividades del FIC, coinciden varias voces, es el espectáculo “Orientación transversal” (2021), del performer y director teatral experimental griego Dimitris Papaioannou. Desde los primeros días se habla mucho de este personaje. Antes de su primera presentación se escucha decir que su puesta en escena promete ser de las mejores del festival por su complejidad y dado que se trata, ni más ni menos, que del director creativo de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, una ceremonia elogiada por la prensa internacional.
Ahí mismo se informa y se corre la voz de que la primera de tres presentaciones de la obra de Papaioannou en México, que llega para exhibirse de manera exclusiva en el Cervantino, en el Auditorio del Estado de la capital guanajuatense, ha sido postergada por un retraso en la transportación vía marítima de la escenografía y el resto del equipo técnico, un cargamento bastante grande, como luego se confirmará en escena.
Pero todo queda listo para que el primer sábado del festival haya función doble, de manera que pueda reponerse la primera postergada, y una más al mediodía de este domingo. Las impresiones de quienes atestiguan la pieza a las 13 horas del sábado confirman la estimación general, aunque de manera muy particular:
“Sigo procesando lo que vi”, “hay imágenes muy poderosas en la obra, algunas difíciles de digerir”, “tienes que verla”, “si solamente hubiera podido ver una obra en el Cervantino y hubiera sido esa, me daría por bien servida”, “es brutal”. De este tipo es la lluvia de impresiones entre los primeros en descubrir esa caja de pandora que parece ser “Orientación transversal”. El interés entre quienes no la han visto, in crescendo. ¿Qué es eso que parece tan fabuloso a la vez que difícil de explicar?
Desbaratar el escenario
Domingo al mediodía. Última función de la puesta en escena del griego en nuestro país. El Auditorio del Estado, con una capacidad para poco más de 1,800 asistentes, está colmado.
Lo que el público ve sobre el escenario es para no perderlo de vista ni un segundo, ni para tomar notas, mucho menos para ir al baño. Es más, que puede perderse mucho de lo que aparece sobre las tarimas con un simple estornudo que obliga a cerrar los ojos por un milisegundo.
No es estrictamente un planteamiento teatral aristotélico. Lo que sucede frente al público que se queda atónito desde los primeros instantes de sus 105 minutos de extensión es el resultado de la exploración de la plasticidad del cuerpo, los pases de magia que son posibles con una iluminación bien pensada y la maleabilidad de la escenografía, donde lo que parece rígido, inamovible, puede desmontarse, desbaratarse, reconvertirse; el juego entre lo grotesco, lo sublime, lo cómico, lo erótico y tanatológico. Todo en un perfecto equilibrio sobre el que desfilan imágenes que serán difíciles de olvidar.
Un portentoso toro cornalón que, literalmente, se aparece sobre el escenario en un santiamén, que por momentos se pasea, bebe agua y hasta defeca el proscenio; un minotauro enfundado en un traje negro, una mujer pariendo y su bebé, recién parido, saludando al público; una fuente que asemeja a la Venus de Boticelli; seres humanos que parecen amorfos, como de las pesadillas, entrando y saliendo de escena; el desmontaje total de las tarimas del escenario en vivo, al mismo tiempo que es inundado por completo y se transforma en un bello paisaje que parece sacado de otro mundo.
Esas son algunas de las escenas que Papaioannou y sus actores son capaces de crear para asombro del público. Hay elementos que aparecen y desaparecen o se transforman frente a los miles de ojos presentes sin que se advierta el truco, en una especie de desafío de los límites de la física.
Es por obras como esta que el teatro no puede ser cine. Y es una lástima que una obra tan potente, tan cara y compleja de trasladar esté en México y no pueda llevarse a otros teatros, a escenarios como el de Bellas Artes.
A Dimitris Papaioannou se le conoce como el maestro de las paradojas, un ilusionista del escenario. Y resulta paradójico cómo obras de arte como esta no muestran lo sublime de la abstracción humana, lo bello de vivir para apreciar momentos como este en escenarios como el del Cervantino en su edición de oro, y al mismo tiempo, la misma noche en la que se presenta la obra, se perpetra el asesinato de 11 personas en un bar en la ciudad de Irapuato, a escasos 50 kilómetros de donde sucede lo sublime.
*** ***
Tráiler de "Orientación transversal" (Transverse orientation, 2021)
La crítica dice:
Papaioannou teje una pieza maravillosa, utilizando todos los pórticos y equipos de iluminación, todas las trampas y todas las puertas ocultas para reflexionar sobre la tristeza de la vida y el potencial de los seres humanos”.
Sarah Crompton, The Guardian.