Las legislaciones que buscan regular a plataformas digitales como Uber, Rappi y Airbnb han servido para reconocer la operación de estas empresas y no para proteger a los trabajadores que laboran en ellas. Esta es la postura de Víctor Hugo Ábrego, profesor e investigador del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), quien lidera un proyecto para indagar en las condiciones laborales de quienes trabajan para este tipo de plataformas.

Se trata de un proyecto en marcha, sin resultados, y que es fruto de la colaboración entre la revista Anfibia de Argentina, el medio digital El Toque, de Cuba y el ITESO. Su objetivo es generar un producto transmedia que funcione como un observatorio y repositorio alrededor de las diferentes problemáticas que enfrenta el trabajo en plataformas digitales, un tipo de trabajo que Ábrego denomina precarizado.

Aunque el proyecto se detuvo al inicio de la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19, la pandemia dejó en claro que esta fuerza de trabajo, al menos en el ámbito urbano, se había convertido en una de las más demandadas y de las más expuestas en el país, lo que agudizó las condiciones laborales de este grupo de trabajadores.

El objeto de este análisis es la situación de los trabajadores de plataformas digitales en general, aunque la mayoría de la información que se ha recabado en fechas recientes corresponde sobre todo a repartidores de todo tipo de productos, el llamado delivery, un segmento en el que participan empresas como Rappi, UberEats, Didi Food y Cornershop, entre muchas otras. No obstante, el proyecto abarca también a plataformas de transporte, como Uber, DiDi, Cabify y Beat e incluso a empresas de comercio electrónico y servicios, en donde participan compañías como Airbnb y Mercado Libre.

El proyecto pretende abordar cinco áreas:

  1. Las condiciones laborales de los trabajadores durante la contingencia de Covid-19.
  2. Las formas de organización de los trabajadores.
  3. El estatus legislativo de las plataformas digitales.
  4. La responsabilidad empresarial y gubernamental alrededor de las plataformas.
  5. La discusión sobre las plataformas digitales en la esfera pública digital.

Regulación beneficia a empresas

Para Ábrego, el futuro de esta fuerza laboral es inquietante, porque es el antecedente del escenario de conflictos, luchas y desregulaciones de los derechos de los trabajadores no sólo de las plataformas digitales sino de otros muchos otros sectores que el académico prevé ocurrirá en los próximos 20 años. Desde su creación, las plataformas digitales han creado una serie de dificultades regulatorias que han conducido a protestas ─tanto de sus propios trabajadores como de otros segmentos, como son los taxis─ y a vetos por parte de las autoridades para poder operar. Tan sólo en 2020 ha habido al menos cuatro protestas internacionales de trabajadores de plataformas de delivery y de transporte, la más reciente el pasado 8 de octubre.

De acuerdo con Ábrego, desde que se aprobó la primera regulación en la Ciudad de México acerca de este tipo de servicios en 2015, quedó en evidencia que las autoridades reconocían la existencia de estas empresas, pero dejaban de lado los derechos de los trabajadores, algo que se mantiene hasta la fecha, con las modificaciones que hizo la Secretaría de Movilidad en 2019 y con las medidas tributarias que impuso el gobierno federal a los trabajadores de este tipo de servicios y que entraron en vigor en junio pasado.

“En México no había regulación y la primera que hubo, que data de 2015, sólo reconoció a Uber como una empresa de redes de transporte, pero no se legisló acerca de las exigencias de los trabajadores, que en ese entonces era que se respetarán las tarifas de cobro máximas de parte de la empresa y las tarifas mínimas para los trabajadores; además de que los trabajadores fueran considerados parte de la empresa y no que operaran con este contrato como trabajadores independientes que lo que hace es dejar a la intemperie al trabajador en caso de que algo le suceda”, dijo.

Un ejemplo de cómo han modificado este tipo de plataformas la dinámica laboral en México es, de acuerdo con Ábrego, que al menos hace un par de años, un conductor de Uber podía ganar 13,000 pesos al mes, lo que era mayor al salario promedio de la mayoría de los mexicanos; no obstante, este trabajador debía laborar hasta 30 horas más a la semana, 120 horas más al mes, que otro tipo de empleado para conseguir ese ingreso.

No obstante, según el académico, no todo es malo con este tipo de trabajos. Sobre todo durante el periodo de emergencia sanitaria que se vive en todo el mundo, los empleos provistos por este tipo de empresas ayudan a muchas personas a solventar su situación económica en la medida en la que el Estado no está proveyendo las condiciones necesarias para que no exista este tipo de precarización del empleo y de la vida, dijo el experto.

El consumo de los usuarios se convierte, por tanto, en el sustento de muchas personas que sin esta opción pasarían serias dificultades para satisfacer sus necesidades. Ábrego recomienda que las personas que hagan uso de estas plataformas estén conscientes de que una parte de lo que están pagando no va ni al restaurante ni al repartidor o conductor sino a la plataforma y que cada vez hay más tensiones respecto a las tarifas máximas que deberían cobrar estas empresas y a las tarifas mínimas que deben cobrar los trabajadores.

“En consecuencia, esa tarifa no se va a ver reflejada en el pago a quien trabaja para las plataformas y hay que estar consciente de eso”, dijo. Pero más allá de esta ligera toma de conciencia individual, el académico argumentó que lo que se requiere en el largo plazo es responder a la pregunta sobre qué hacer con un modelo económico que cada vez le impide a más personas acceder a un nivel de vida digno.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx