Cuando las autoridades e iniciativa privada se encontraban en el proceso de elaboración de la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera, también conocida como Ley Fintech, surgió un término que pocos conocían: el open banking (banca abierta), el cual sería incorporado en dicho marco normativo más adelante. Ahora, a pesar de que se tienen alrededor de dos años para implementar dicho concepto, México lleva la delantera en el mundo respecto a esta iniciativa, la cual, según las autoridades, elevaría la competencia en el sistema financiero.

De acuerdo con el reporte “¿Cuál es el potencial para la banca abierta en México?”, realizado por la agencia C Minds, son pocas las naciones que han implementado este modelo, el cual en sería aterrizado en México por medio de las Interfaces de Programación de Aplicaciones (API, por su sigla en inglés), por las cuales las entidades financieras podrán intercambiar información en beneficio del usuario final.

“Esta ley (fintech) establece las bases para un estándar de banca abierta al requerir que las instituciones bancarias desarrollen Interfaces de Programación de Aplicaciones abiertas con el propósito de abrir los datos financieros, respetando la privacidad y confidencialidad”, explica el reporte.

“Dado —agrega— que los siete principales bancos poseen 78% de la participación de mercado en México, las API abiertas pueden ayudar a reducir el riesgo de monopolios de datos y fomentar el crecimiento de una competencia sana entre los proveedores del sector financiero”.

Según el documento, el cual contó con el aporte tanto de autoridades como del sector fintech, México, mediante la Ley Fintech, se une al grupo de países que han tomado acciones para promover el acceso compartido y, de manera segura, a datos financieros.

“Esto permite la creación de una serie de servicios financieros innovadores y hechos a la medida que pueden ayudar al consumidor a hacer pagos, establecer domiciliaciones de pago y ejercer más control sobre su dinero. Estas prácticas regulatorias tienen el potencial de impactar directamente en el desarrollo económico de un país al empoderar un sector financiero más innovador y competitivo”, destaca el documento.

En otros países, como Reino Unido, Australia y Malasia, el término banca abierta ya ha sido aplicado o está en proceso; sin embargo, México es el único país donde todas las instituciones financieras (tanto fintech como tradicionales), por ley, deberán adoptar el estándar de banca abierta, pues en otros sólo aplica para un determinado número de instituciones y productos.

Por ejemplo, en Reino Unido, el primer país en implementar este modelo, este tema sólo aplica para las cuentas corrientes y las tarjetas de crédito y ahorro de nueve bancos. “México es uno de los primeros países que lo tiene por ley (...) en México la idea es que se aplique (el tema de banca abierta) a todo el ecosistema de servicios financieros y a todos los productos”, explica Claudia May del Pozo, jefa de operaciones de C Minds.

Tipo de datos

En México, el desarrollo de las API será para compartir tres tipos de datos: los financieros abiertos, es decir, la información de productos, como sucursales y cajeros automáticos; los agregados que tienen que ver con la estadística relacionada con operaciones realizadas por o a través de las entidades financieras reguladas.

Por último, y tal vez la más importante para el usuario, los datos transaccionales, que se refieren a la información relacionada a un producto o servicio, por ejemplo, transacciones realizadas por un cliente de una entidad regulada. Aquí, dicha información sólo puede ser compartida con el previo consentimiento del mismo cliente.

El reporte destaca los esfuerzos de algunas instituciones bancarias que ya han establecido modelos parecidos, los cuales pueden servir para aplicar el modelo a todo el ecosistema financiero.

Además, enumera ciertos retos que tendrán que atenderse para que el modelo sea eficiente en beneficio de los usuarios: “La implementación exitosa requerirá una mejora en la infraestructura bancaria, una reducción del fraude, una adopción de estándares técnicos en común y una colaboración con un amplio rango de partes interesadas para garantizar la sustentabilidad de la iniciativa”.

También enfatiza la necesidad de crear un plan de acción para garantizar el desarrollo del estándar de banca abierta mexicano; dicho programa tendría que estar a más tardar en noviembre del presente año, para que la siguiente administración tenga en cuenta este modelo.

fernando.gutierrez@eleconomista.mx