Washington.- Los ejecutivos que condujeron al gigante financiero Bear Stearns antes de su colapso hace dos años planean declarar a una comisión investigadora que hicieron todo lo posible por mantener la compañía en operaciones y que nada podría haberla salvado una vez que los inversionistas y otros bancos se volvieron en su contra.

James Cayne, el ex director ejecutivo de Bear Stearns hasta enero del 2008, y Alan Schwartz, que lo sucedió por algunos meses, rendirán declaraciones el miércoles ante una comisión creada por el Congreso para investigar el origen de la crisis financiera.

El colapso de la empresa ``se debió a fuerzas incontrolables del mercado que Bear Stearns no pudo resistir'', dijo Cayne en el testimonio que preparó para la audiencia.

Bear Stearns fue el primer banco de Wall Street que dejó de existir en la crisis reciente al quedar atrapado en la reducción del crédito de inicios del 2008, una señal del derrumbe financiero que sobrevendría meses después.

Dos de los fondos de alto riesgo de Bear Stearns colapsaron en el 2007 por colocar posiciones en el mercado de hipotecas de baja calidad, lo que les costó a los inversionistas 1.800 millones de dólares y desató un efecto dominó que llevó a la gigante de Wall Street al borde del precipicio.

Fiscales federales investigan el manejo de la firma por parte de sus ejecutivos antes del derrumbe.

La Comisión de Investigación de la Crisis Financiera, que realiza una serie de audiencias sobre las causas de la crisis, examina el caso de Bear Stearns como un ejemplo de lo que considera el sistema bancario ``en las sombras'', una red de instituciones y mercados financieros que operan fuera de las estructuras reguladas por el gobierno.

La audiencia del miércoles será la primera comparecencia de Cayne ante el Congreso desde la crisis.

Cayne dijo en su testimonio redactado con antelación que la semana del 10 de marzo de 2008 los clientes de corretaje de Bear Stearns retiraron sus activos y otras firmas se negaron a extenderle crédito, debido a temores ``infundados'' y ``rumores'' en el mercado sobre la solvencia de la compañía.

``La pérdida de confianza del mercado, aunque era injustificada e irracional, se convirtió en una profecía cumplida'', dijo.

``Los esfuerzos que hicimos por reforzar a la firma fueron razonables y prudentes, aunque mirando hacia atrás demostraron ser inadecuados'', agregó. ``Considerando la severidad e inédita naturaleza de la intranquilidad de los mercados, no creo que hubieran medidas razonables que podríamos haber tomado, más allá de vender la empresa, que pudiesen haber evitado el colapso que ocurrió al final''.

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