Al momento de escribir este artículo, todavía no hay resultado oficial sobre el proceso electoral en Estados Unidos, ya que existen algunos estados que han mostrado mínimas diferencias entre los candidatos y que continuarán con el conteo de votos. No obstante, la mayoría de las proyecciones apuntan a Joseph R. Biden Jr. como ganador de la contienda presidencial. Asimismo, se logra identificar que posiblemente habrá un Congreso dividido, con Demócratas manteniendo su mayoría en la Cámara de Representantes y Republicanos en el Senado.

El presidente Donald J. Trump ha sido muy enfático en que no seguirá con la tradición democrática norteamericana de conceder una derrota, advirtiendo sobre un proceso que ha tenido fallas. Además de esta amenaza de impugnación de las elecciones, el equipo de campaña de Trump ya ha acudido a diversos tribunales estatales, lo cual sugiere que todavía la incertidumbre en torno a la elección prevalecerá, tal como lo describí en el artículo ¿Qué esperar de las elecciones en Estados Unidos el 3 de noviembre? (Octava edición de este Newsletter del 19 de octubre). Podrían ser días o semanas, tomando en cuenta que la fecha límite para los votos oficiales del Colegio Electoral es el 14 de diciembre.

Analizando la historia política de Estados Unidos, este tipo de situaciones controversiales no son nuevas y no deberían generar un cambio estructural en el proceso democrático norteamericano. A lo largo de la historia han existido elecciones altamente polémicas como las de 1800 (Thomas Jefferson venciendo a Aaron Burr) y 1824 (John Quincy Adams venciendo a Andrew Jackson) por decisiones finales de la Cámara de Representantes y no por las votaciones; los comicios de 1860 (Abraham Lincoln venciendo a John Breckinridge) en momentos de un país altamente dividido y en vísperas de una Guerra de Secesión; 1876 (Rutherford Hayes venciendo a Samuel Tilden) decidida por una comisión del Congreso; así como otros casos controvertidos como la victoria de Woodrow Wilson en 1912 y de Harry Truman en 1948. En la historia moderna reciente, no podemos olvidar que en el año 2000 existió una contienda controversial entre George W. Bush y Al Gore, cuyos votos de Florida y la decisión de la corte terminaron por inclinar la balanza hacia Bush. Tampoco podemos olvidar que hace 4 años Donald Trump se convirtió en el 45 presidente de Estados Unidos ganando el voto de Colegio Electoral, pero perdiendo el voto popular contra Hillary Clinton.

A pesar de ello, los mercados financieros han sido más resilientes, mostrando picos de volatilidad más moderados y breves de lo que se tenía previsto, descontando que esta incertidumbre no durará más allá de unas semanas. Un claro ejemplo de ello fue el comportamiento del peso mexicano o del índice de volatilidad del S&P500 VIX. Los inversionistas reconocen una elevada probabilidad de una victoria de Joe Biden combinada con un congreso dividido. La reacción más complaciente recae en una expectativa de fuerzas equilibradas en Estados Unidos que sugieren un manejo prudente y sostenible de políticas públicas (e.g. políticas económicas por el lado de oferta y demanda) que ayuden a transitar los desafíos de la actual crisis de salud y construir una economía y una sociedad post pandemia. Probablemente este escenario sugiera una menor probabilidad de un estímulo fiscal adicional mucha más amplio, pero uno más limitado con implicaciones de un endeudamiento más sostenible. Aunque la volatilidad e incremento en primas de riesgo podría retornar en algún momento hasta que concluya el proceso electoral, los mercados financieros ya tomaron una postura más optimista con una visión de mayor plazo.

El autor es director Ejecutivo de Análisis Económico y Estrategia Financiera de Mercados de Grupo Financiero Banorte.

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