La modernidad y la posmodernidad han acabado con la bonita tradición de no hacer nada en Semana Santa, salvo salir de vacaciones o cumplir con el calendario litúrgico. Este año, el inicio de las campañas coincide con el Viernes Santo. En una república laica es irrelevante que sea el día de mayor devoción para los cristianos históricos. El problema es que como jueves y viernes santos son días de asueto, poca importancia se le dará en general al arranque de las campañas. Habría sido más lógico iniciar el siguiente lunes, ya que la gente haya regresado de vacaciones, pero nos faltarían días para completar los 90 que deben durar las campañas. En fin, esperemos que la crucifixión sea sólo una representación en Iztapalapa y que no haya un vía crucis político de alta envergadura en esta Semana Mayor.

El día jueves 29 de marzo se sabrá en definitiva quiénes son los afortunados que pasan a la boleta electoral. Las impugnaciones se debieron haber resuelto, pero queda el mal sabor de boca de los delitos electorales cometidos por partidos y candidatos. Desde el 30 de marzo al 27 de junio, seremos bombardeados por las campañas y contracampañas. Para nuestra desazón, ya empezaron. Por ejemplo, el video de YouTube de la “niña bien que va a votar por ya saben quién” apareció en redes el 19 de marzo. De inmediato, Morena se desvinculó del adefesio. Realmente es tan insoportable, tan mal hecho, que ni siquiera podría creerse que alguien en su juicio habría hecho ese video para ganar votos. Es como encargarle el vestido de novia al peor enemigo. Y a eso suena, a que alguien que no quiere a López Obrador decidió “cooperar” para su campaña. Resulta anecdótico, pero definitivamente es una muestra del talante de las campañas y de los sabotajes a las mismas. Lo curioso es que, parece ser, hasta el momento, ninguno de los partidos lo encargó y que puede ser más una parodia de las buenas costumbres, una rebelión de millennials, que algo realmente político. Pero en un proceso altamente crispado, cualquier cosa puede interpretarse justamente como lo que no es.

Hablando de sabotajes, resultó un fiasco lo de las candidaturas independientes; insisto, el que Margarita Zavala haya sido admitida como candidata presidencial, pese a las miles de inconsistencias en la recolección de firmas, habla muy mal de la legislación electoral, cuyos requisitos son casi imposibles de cumplir, pero habla peor del uso político que se le pretende dar a las candidaturas independientes.

Si Ríos Píter y el Bronco fueron eliminados, porque se encontró fraude en la recolección de firmas para avalar su candidatura, ¿por qué Margarita sí pasó a la siguiente ronda y los otros no? En los tres casos está presente el delito de falsificación de documentos —credenciales simuladas—, y la Fepade tendrá que investigar a los tres, no nada más a dos. Y por supuesto, debe haber sanciones para los tres, porque los tres incurrieron en delitos, aunque Margarita haya dicho que las más de 400 credenciales falsas fueron sembradas para manchar el proceso. Ahora resulta que va a pedir una investigación a la Fepade…

Es patético y descorazonador que las elecciones presidenciales sigan siendo objeto de tantas irregularidades y que no hayamos, en 30 años, solucionado el tema de la legitimidad de origen. Esperemos que el 2018 no sea un 2006 recargado.

En medio de estas situaciones inéditas que constituyen la sal y la pimienta del proceso, pero que a la vez dan cuenta de la inmadurez de la cultura ciudadana, asistimos al primer debate de Andrés Manuel con periodistas. A diferencia de los encontronazos con los empresarios, particularmente en la reunión con ejecutivos de BBVA, el ambiente fue más distendido. A lo largo de una hora y media en la que fue cuestionado, el Peje manifestó las ambivalencias de su propuesta general, al Alfonso Romo y al Paco Ignacio Taibo II que lleva dentro.

Habló de mecanismos de democracia directa, lo cual es algo bastante bueno en sí mismo. La consulta ciudadana que propone mediante la introducción de figuras de participación política directa, el referéndum y del plebiscito, complementa a la democracia representativa. El problema sería para qué las pretende usar López Obrador. ¿Para deshacer las reformas económicas, por ejemplo, la reforma antimonopolios? ¿Para limitar las libertades y derechos reproductivos? ¿Para definir la política económica? Es evidente que la democracia directa puede tener ventajas y usos saludables, pero como no explica exactamente para qué pretende introducir las figuras —no es lo mismo un sí o un no relacionado con alguna decisión concreta de política pública a preguntarle a la ciudadanía cuál debe ser el destino del gasto público—, genera suspicacias que a su vez se convierten en especulaciones…

La revocación de mandato es una figura agradecible para evitar las dictaduras, pero eso de consultar a la ciudadanía cada dos años si el presidente de la República se va o se queda, suena a demagogia pura por parte del candidato presidencial mejor posicionado hasta el momento.

Cuando AMLO habla de la revisión de los contratos en materia energética, me parece lógico. En vista de que no hubo beneficios de la reforma energética —algo objetivamente cierto en vista del alza del precio de los hidrocarburos para el consumidor final—, López Obrador  argumenta que se engañó al pueblo de México y que es necesario revisar los contratos otorgados a la Iniciativa Privada, en función del beneficio para el país. Me parece justa la revisión. El problema está en la perspectiva desde la cual se revisarán los contratos y los prejuicios de quienes lleven a cabo esa tarea. Si los encargados de la revisión estuvieron en contra de la reforma energética, tenderán a descalificarlos, aunque existan beneficios. Con todo, en la cuestión energética, López Obrador mostró disposición a analizar qué es lo que ha hecho el gobierno actual y conservar lo que resulte benéfico. En el caso de la reforma educativa, dijo que la va a cancelar porque nada más es de tipo laboral y buscará una reforma educativa pedagógica, con maestros y padres de familia.

Insiste en la legalidad y la no corrupción como los ejes rectores de su futuro gobierno, en caso de ser presidente.

Por deformación profesional, me llama la atención que López Obrador afirme que quiere ser un presidente como Juárez y como Madero. Está en su derecho absoluto de elegir a sus héroes. Lo que me inquieta es que, en realidad, no los conoce. Jura que Juárez fue el apóstol de la democracia. Republicano sí que lo fue, demócrata, difícilmente. Por lo que expresa, López Obrador se cree a pie juntillas la construcción historiográfica oficial de ambos personajes y dice identificarse con ellos, incluso en su modelo de gestión presidencial. La visión de AMLO revela una nostalgia por un pasado mítico, lo que se refleja en sus propuestas de contrarreforma; también revelan una visión sesgada, superficial y maniquea de los hechos históricos. En López Obrador coexisten tanto la tozudez y el autoritarismo de Juárez, como el idealismo de Madero. Quizá en ello radique la fascinación que ejerce sobre algunos ciudadanos.

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