Las elecciones se ganan y se pierden en el cerebro del votante y ni siquiera los propios electores entienden cómo funciona ese órgano y qué hacen los políticos y sus equipos de campaña para activarlo.

El neurofisiólogo clínico Jaime Romano, director de la empresa Neuromarketing, explica que el cerebro tiene tres niveles interconectados: el reptiliano o instintivo -que se formó hace aproximadamente 500 millones de años- en el cual se organiza el comportamiento rutinario; el límbico o emocional, en el que se activan el miedo, el aprendizaje y las emociones; por último, el córtex o cerebro pensante, que es la parte más evolucionada del cerebro humano. Y los tres reaccionan con nuestras preferencias políticas.

De acuerdo con el estudio desarrollado por el doctor Romano, el voto es más parecido a echar un volado. En los años 80, las neurociencias comprobaron que el sufragio es una decisión basada en métodos no rigurosos.

Ante las urnas, el votante evoca recuerdos, miedos, temores y satisfacciones; la aparente decisión racional de cruzar una boleta, en realidad sólo refleja un sentimiento de aversión o aprecio por un candidato.

Entrar a la mampara y agarrar una crayolita tiene mecanismos cerebrales que rescatan una cantidad incuantificable de emociones, sensaciones y recuerdos y ni siquiera sabes con qué lo estás asociando. Un logotipo nos puede despertar recuerdos transmitidos por familiares , explicó Romano.

Conocer este proceso con más certeza fue posible cuando el equipo de científicos que trabaja en en esa empresa realizó mediciones neurológicas para saber qué piensa la gente ante los estímulos que significa la campaña. Los electrodos no mienten: un gorro con sensores que transmiten la actividad eléctrica a una computadora permiten identificar las regiones cerebrales que se activan cuando un individuo recibe un mensaje político.

Pensábamos hace algunos años que las decisiones se toman de manera racional, pero no sucede así en la realidad sólo 20% es racional y 80% es intuitivo, tiene que ver con lo que guardamos en nuestra mente, aunque no lo tengamos consciente , comentó.

Con las mediciones no hay posibilidad de mentir , aseveró el neurofisiólogo clínico Jaime Romano.

EL MENSAJE DEBE SER DIRECTO

El discurso de los políticos debe ser directo para atrapar la atención del votante, dijo el neurofisiólogo Eduardo Calixto. Si nos dan un mensaje corto, directo, nos llegan a las áreas del cerebro más primitivas y nos atrapan , añadió.

Eso parece coincidir con los resultados del estudio aplicado por las empresas Defoe e Inteligencia Pública a 1,600 votantes, en los cuales dedujeron que a los mexicanos no nos interesa el tema político, parecemos decir ‘hagan lo que quieran, pero no estamos involucrados’ , explicó Marco Cancino, director de Inteligencia Pública.

Yamil Mares, director de Defoe, completó que en sus ejercicios se refirieron a temas estructurales y descubrieron que cuatro de cada 10 encuestados considera que la inseguridad es un tema preocupante y sólo tres de cada 100 piensa que la calidad de la educación es un problema que debe resolverse.

Cometemos el error de creer que la calidad de la educación es un tópico que le preocupa a la gente, pero eso en realidad la tiene sin cuidado. Puede que nos interese en la ciudad y a un sector de la población con cierto nivel de estudios, pero al grueso le interesa que se resuelvan sus problemas cotidianos , explicó Marco Cancino.

Eso no es raro en una población que tiene, en promedio, nueve años de estudios y un nivel de educación y aprendizaje deficiente.

Nuestro nivel de comprensión de los mensajes es muy deficiente y si el candidato que quieras empieza a explicar exactamente cómo va a desarrollar esta o aquella propuesta, ya perdió a su audiencia , mencionó Cancino.

Yo no sé si los políticos estén o no asesorados por científicos , afirmó Eduardo Calixto, pero cuando una persona que no conocemos nos dice cosas que nos encanta escuchar, prácticamente no lo razonamos, nos promueve el acto hedónico, ególatra. Desde el punto de vista psicológico es un procesamiento del yo y el superyó, pero desde el punto de vista neurofisiológico es la liberación de dopamina, que no te da margen al razonamiento, y quieres volver a tener el encuentro, esas palabras, para tratar de volver a sentirte a gusto como parte de ese proceso que te condicionaron .

Jaime Romano manifestó: El cerebro se aleja del displacer, en cambio si las palabras, el tono de voz o la imagen de cierto candidato me provocan placer, reacciona la amígdala, sube información a la corteza frontal y no sé porqué decido votar .

También influyen los recuerdos. Si en alguna crisis mi familia perdió la casa y yo lo recuerdo, si perdí un familiar en un hecho de violencia y eso provocó dolor a mis seres queridos, obviamente eso influirá en mi voto sin que yo lo sepa , afirmó.

Sin embargo, aseguraron ambos neurofisiólogos, esa toma de decisiones involucra también la corteza frontal; por eso, los días de la veda electoral son importantes.

Sí, nuestras decisiones pasan por la amígdala, involucran el sistema límbico y de allí se lanzan al proceso racional. Aunque, advirtió el doctor Romano, tendremos algunos días sin campañas para analizar, pero la decisión real se toma en milisegundos .

Entonces, elector, ¿usted ya sabe por quién va a votar?

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