Este 4 de junio, las elecciones locales en tres entidades que gobierna el PRI aparentemente no traerán sorpresas. En el Estado de México, lo más probable es que gane el PRI con sus aliados, pero no la tienen fácil. En Nayarit, es casi seguro que gane la alianza PAN-PRD; y en Coahuila el PRI aventaja, a pesar de ciertas divisiones internas, mientras el PAN tendría que remontar 10 puntos en preferencias.

Ni Coahuila ni Nayarit tendrán un fuerte impacto en el resto del país de cara a las elecciones presidenciales del 2018, pero el Estado de México sí, por dos razones importantes. La primera es que la entidad cuenta con poco más de 11 millones de electores de un total de 83 millones, según la Lista Nominal, lo que equivale a alrededor de 14%del total de electores del país.

Lo anterior no quiere decir que, como algunos piensan, los resultados de la elección local del Estado de México prefiguran en automático los resultados de los comicios federales. En retrospectiva, en las elecciones de 1999 y del 2005, los candidatos a gobernador del PRI ganaron la elección local, pero en las presidenciales del 2000 y 2006, ganó el PAN.

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Lo cierto, hasta la fecha, es que en el Estado de México jamás ha ganado la gubernatura ningún partido o alianza opositora, a pesar de que alcaldías importantes como Toluca, Ecatepec, Netzahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan y Atizapán que concentran un número importante de electores han sido gobernadas tanto por el PAN como por el PRD, lo que significa que ambos partidos y también Morena , tienen una base clientelar nada desdeñable.

La segunda razón es que Enrique Peña Nieto tiene el deber con el Grupo Atlacomulco de mantener la hegemonía del PRI en la entidad, porque es una deuda de honor de clan; además, porque debe garantizar que el PRI tenga un espacio para reposicionarse, dado que hoy en día, se sitúa en el cuarto lugar de las preferencias electorales según varias casas encuestadoras.

La tarea se antoja difícil. La última medición sobre la aprobación presidencial muestra que la popularidad de Enrique Peña está en los peores niveles de su mandato. La Cámara de Diputados y el CESOP, el Centro de Estudios y de Opinión Pública, hicieron una encuesta de aprobación presidencial y prospectiva electoral 2018, mediante entrevistas telefónicas a nivel nacional efectuadas entre el 14 y el 15 de enero. Los resultados indican que sólo 6% de los entrevistados aprueban la gestión del presidente Peña, mientras el resto lo desaprueba. Tales números no caen de sorpresa, ya se sabía, aún antes del gasolinazo, que la popularidad de Peña iba de picada. Ello seguramente incidirá en el voto mexiquense.

Para el PRI, para Peña, para el Grupo Atlacomulco resulta indispensable ganar el Estado de México. Y también para el actual gobernador, Eruviel Ávila, quien debe mostrar músculo para proseguir con su carrera política.

Ávila logró cooptar las bases locales de la oposición, lo que impidió que el PAN y el PRD formalizaran una alianza como en Nayarit para ganarle al PRI. Además, parte de su equipo ya se integró a la campaña de Alfredo del Mazo Maza. En conjunto, podrían generar una dinámica electoral que les garantice un resultado positivo.

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El problema estriba en que el PRI con sus aliados PANAL, PVEM y PES no tienen la elección asegurada. A pesar de que el candidato priista, Alfredo del Mazo Maza, ya ha sido alcalde de Huixquilucan y diputado federal, así como director de Banobras, no se sabe a ciencia cierta si podrá contactar con el electorado del norte y del oriente del Estado de México. Adicionalmente está el tema del nepotismo: primo del presidente Peña e hijo y nieto de dos gobernadores, su candidatura revela el modo antiguo y tradicional de hacer política en el Estado de México, dónde la élite política está unida por lazos de sangre, compadrazgo y amistad que se remonta a generaciones. La ciudadanía ha evolucionado, aunque no parezca.

Lo que sí es seguro es que Alfredo del Mazo Maza tendrá el apoyo de todos los involucrados en su candidatura, porque en ello se les va la posibilidad de hacer resurgir al priismo de sus cenizas.

Además de la mala imagen presidencial y de las deficiencias del candidato, hay dos factores que alteran las posibilidades de triunfo. Por un lado, la enorme inseguridad que se vive en el estado y, por el otro, es que el Estado de México está endeudado, pues tiene comprometidos 22% de sus ingresos totales y según el documento de Fitch Ratings de julio del 2016, puede correr el riesgo de que le bajen su perspectiva crediticia a negativa si el nivel de su gasto corriente y transferencias no etiquetadas continúa siendo superior al nivel de sus ingresos fiscales ordinarios.

Frente a Alfredo del Mazo Maza hay dos candidatas interesantes, que además muestran un avance en temas de género en un estado donde el feminicidio es cotidiano. Delfina Gómez Álvarez, por Morena, es una maestra originaria de Texcoco cuya candidatura es empujada por Andrés Manuel López Obrador. Delfina fue alcaldesa de Texcoco del 2012 al 2015 y es diputada federal por el 38 distrito del Estado de México. Antes del 2012, era directora de una escuela primaria federal en Texcoco.

Por el PAN, la candidata es Josefina Vázquez Mota, cuyas credenciales son de sobra conocidas. ¿Será que pueda llegar a ser gobernadora del Estado de México? La ventaja que tiene es que sabe muy bien cómo hacer campaña y seguramente aprendió de los errores cometidos en el 2012. En contra tiene que, a pesar de la exoneración de la Auditoría Superior de la Federación, en el imaginario colectivo ya quedó el dato de que recibió dinero del gobierno priísta para su fundación.

Según una encuesta publicada por El Universal, el PAN, el PRI y Morena están en empate técnico 19.6, 19.9 y 16.8%, respectivamente aunque esa encuesta no consideraba al candidato perredista porque aún no se define.

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Hay cinco precandidatos por el PRD: Javier Salinas, Juan Zepeda, Eduardo Neri, Max Correa y Plácido López­. De ellos, es muy probable que el que consiga ganar la elección interna del próximo 5 de marzo sea Juan Zepeda. Es un líder local, fue presidente municipal de Nezahualcóyotl, vinculado a Alternativa Democrática Nacional (ADN) de Héctor Bautista, líder real del perredismo mexiquense. Al parecer, finalmente, el Partido del Trabajo apoyará al PRD.

Si gana el PRI, habrá que ver cuál partido queda en segundo lugar. Si queda el PAN, es probable que eso sea un indicador sobre las posibilidades que tendría el panismo de retornar a Los Pinos. Si Morena queda en segundo lugar, indicaría que Andrés Manuel López Obrador tiene más allanado el camino a la Presidencia de la República.

Si gana el PAN las mediciones ubican a Josefina Vázquez­ Mota a escasas tres décimas en intención de voto por debajo del priista habría que ver quién se queda en el segundo lugar: el PRI, Morena o el PRD. Lo que realmente sería sorpresivo es que Morena ganara. ¿Le alcanzará a Delfina Gómez la popularidad de AMLO? Probablemente no.

erp