Casi dos horas de debate, ya entrada la noche, devolvieron el ánimo a los diputados.

Se discutía en la tribuna de la Cámara Baja la reforma para denominar Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado al organismo descentralizado que hoy lleva el nombre de Instituto de Administración de Bienes y Activos, el viejo Servicio de Administración y Enajenación de Bienes.

Mordaz, la priista yucateca Dulce María Sauri Rancho propuso cambiar, de una vez, el nombre a varias dependencias.

“Si se trata de cambios de nombres más afines con el ingenio popular podríamos, en el corto plazo, rebautizar a algunas instituciones, por ejemplo, qué les parece sustituir la aburrida y formal denominación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por la secretaría cobrataria; y al Servicio de Administración Tributaria... qué tal si le llamamos el instituto chupacabras de los contribuyentes, y si en vez de la Secretaría de Gobernación la llamamos secretaría amor y paz”. Las risas estallaron entre los presentes.

Fue hasta entonces que el pleno lució medio lleno; durante prácticamente toda la jornada las curules estuvieron vacías.

El panista Marcos Aguilar Vega dijo que la enmienda simple y sencillamente cambiará, de manera frívola y manipuladora, el nombre de una institución del Estado mexicano para amoldarse a los caprichos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Para su correligionario Absalón García Ochoa, se trata de una ocurrencia más de la llamada Cuarta Transformación.

Si de verdad quieren devolver al pueblo lo robado, machacó, deben regresar las estancias infantiles a las madres de familia, la educación a los jóvenes, las medicinas a los niños con cáncer, bajar el precio de las gasolinas y el presupuesto al campo.

La respuesta corrió a cargo de Gerardo Fernández Noroña, quien habló a favor de la reforma a las leyes Orgánica de la Administración Pública Federal, y Federal para la Administración y Enajenación de Bienes del Sector Público, entre otras.

Los ciudadanos, aseguró Noroña, piden por aclamación, durante las reuniones a que convoca en su distrito, que los expresidentes “comandante Borolas” —como llamó el presidente López Obrador al expresidente Felipe Calderón— y Enrique Peña Nieto devuelvan todo lo que se robaron.

Peña Nieto, la Casa Blanca de 8 millones de dólares, y Calderón la casa de 2 kilómetros de la que se hizo durante su mandato, precisó.

El nuevo instituto fue promesa de campaña del mandatario mexicano, recordó. “La decisión la va a recibir muy bien el pueblo. Por más que se indignen estamos encarnando los sentimientos de la nación”.

Martha Tagle Martínez (MC) coincidió con panistas y priistas en que la reforma no crea absolutamente nada. “Ésta es una de las reformas de las cuales el Congreso de la Unión debería sentirse avergonzado, muy avergonzado, porque es una modificación total y absolutamente accesoria, innecesaria”; lo peor, completó, es que sólo se hace por órdenes presidenciales.