La cotidianidad fue interrumpida en las calles de Santiago Tulyehualco, en la alcaldía Xochimilco, por el asesinato de la niña Fátima Cecilia.

En el cuarto donde fue velada la pequeña se encontraban arreglos florales y globos blancos. Los vecinos organizados ofrecían comida y bebida a los asistentes.

A unas cuantas casas, el señor Carlos se ocupaba de su tienda mientras se lamentaba por la muerte de la niña. Recordó que se enteró del robo de la menor por un grupo de Facebook llamado Tulyenews desde donde todos se comunicaron para organizar la búsqueda y dar con su paradero.

Supo de ella desde que su madre estaba embarazada y le vino a la mente las veces que, con sus hermanos, iban a comprarle; siempre amable, cariñosa y a todos les sonreía.

Calle arriba se encuentra el corazón del pueblo, con la parroquia de Santiago Apóstol repicando sus campanas; el mercado lleno de mercancía fresca, la plaza cívica nombrada en honor al destacado tulyehualquense Quirino Méndez Cortés, compositor de la canción “Cielito lindo”.

A un costado de la plaza, la escuela Enrique Rébsamen tenía un altar improvisado de veladoras que permanecían encendidas a pesar del aire que golpeaba al pueblo. Y en forma de cruz, un moño blanco y un ramo de flores blancas recibían a los niños que llegaron a tomar clases.

El lado izquierdo de la cruz señalaba la calle en la que fue vista por última vez Fátima. Hacia el lado derecho, a tan sólo unos pasos, el puesto de periódicos de don Gonzalo, quien fue maestro de primaria y director de escuelas de educación básica por 35 años. Da gracias porque nunca tuvo un problema así cuando fue maestro, a pesar de que no existían protocolos para la salida de los alumnos.

El vendedor de periódicos conoce bien a los maestros de la escuela Rébsamen, pero sobre todo tiene una amistad con el director de la primaria, con quien comparte haber estudiado en la misma escuela Normal en Tlalpan. Platicó con él por la mañana —relata— y lo vio preocupado por la situación. Desde su juicio, el director no es culpable de lo ocurrido.

Don Gonzalo dijo que el pueblo se ha vuelto peligroso en los últimos años, pero que nunca había pasado algo así.

Describe como práctica común que los niños se vayan solos a sus casas después de clases. Él mismo hace el favor a muchos de ellos de tenerlos en su puesto, mientras sus padres llegan.

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