Hasta este miércoles, 15 de junio del 2021, de acuerdo con cifras oficiales en el país permanecían 88,772 personas en calidad de desaparecidas y no localizadas. Silvia Stephanie Sánchez Viesca Ortiz, Fanny, es una de ellas. Desapareció en noviembre de 2004, a los 16 años, en Torreón, Coahuila. Sus padres no han dejado de buscarla. Han transcurrido más de 16 años de búsqueda. Una organización especializada en la actualización de imágenes de personas desaparecidas se encargó de modelar una estimación de cómo puede lucir el rostro de Fanny a la fecha, a los 32 años.

En todo este tiempo su madre Silvia Ortiz Solís, asegura, se ha enfrentado a negligencias; omisiones, burocracia, malas prácticas judiciales, una y otra vez. Pero el impulso del corazón, la voluntad para no cesar hasta hallar a Fanny y la indignación por las incesantes negligencias, han impulsado a Silvia para no claudicar. Ahora Silvia es una experta, sin reconocimiento oficial, en la búsqueda de personas desaparecidas.

“Cuando desapareció mi hija inicié sola, sin que se diera cuenta mi esposo ni mis hijos. Me iba y agarraba carretera, caminaba por brechas, buscando a mi hija”, recuerda.

Fue hasta 2014 que, indignada por la desaparición de los estudiantes normalistas en Ayotzinapa, impulsó la búsqueda colectiva ciudadana de personas en Torreón. Y la experiencia se dio con la lucha diaria, una lucha incluso contra la cerrazón oficial. Los colectivos de familiares se habilitaron en el uso adecuado de palas, cubetas, varillas; más tarde en métodos forenses, tratamiento y registro de pruebas; seguimiento de casos.

“Al principio llegamos al lugar y alguien preguntó: ‘¿quién nos va a decir cómo le vamos a hacer?’. Yo muy fregona les dije: ‘yo les voy a enseñar’. Me había puesto a investigar qué es lo que se hace en una búsqueda. ‘Se van a poner todos en hilera, separados dos metros cada uno. Vamos a caminar e ir enterrando la varilla. Si se hunde la sacan y la huelen a ver si huele a putrefacto. Si se hunde demasiado a lo mejor es un esqueleto. Íbamos solos. Le avisamos a la autoridad casi con un mes de anticipación y no nos quiso acompañar. Ya cuando les avisaron que había un convoy de camionetas, que éramos nosotros, entonces nos buscó un fiscal y el gobernador (entonces Rubén Moreira). Pasamos por muchas cosas hasta lograr prácticamente arrastrarlos de la mano y obligarlos a caminar junto a nosotros”.

Silvia Ortíz es una de las buscadoras de personas desaparecidas que integrarán el grupo de ponentes del diplomado en línea “Desaparición Forzada en México y América Latina: Recursos y Estrategias para los Procesos de Búsqueda e Identificación”, que entre el 19 de junio y el 27 de noviembre impartirá la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

“Es importante romper con esa costumbre de mediar siempre con los conocimientos y las prácticas educativas desde las instituciones educativas, cuando las colectividades, las víctimas y familiares pueden pedagogizarlas y hacer instrumentos didácticos precisamente para incidir en la vida pública. Creemos que la importancia es que ellas estén al centro de la toma de decisiones”, indica Edgar Chávez Hérnandez, colaborador de la UAM-Cuajimalpa y co-coordinador del diplomado junto con el doctor Rodolfo Suárez Molinar, exrector de esa casa de estudios.

Refiere que es una manera de dar respaldo y legitimación al trabajo de las personas que, sobre todo en los últimos años, han luchado por los derechos humanos y contra las malas prácticas periciales, judiciales y políticas en los casos de desaparición en el país. El tema es imperante, añade, lo mismo que generar conciencias hacia los funcionarios públicos, pero también hacia la sociedad civil.

“Definitivamente, ya no es una crisis sino una emergencia forense”, estima por su parte Ortiz Solís. “En casi todos los estados se quieren deshacer de los cuerpos de manera inmediata para no tener problemas, pero ahora tienen muchos más de los que se imaginaron. No contaban con la tenacidad de una madre en su búsqueda”.

Apunta que hay casos de fosas comunes en Coahuila cuyas búsquedas iniciaron en 2016 y las autoridades intentaron dar por terminadas a los pocos días, pero han tenido que continuar por presión de los colectivos. Hasta la fecha, casi cinco años después, se siguen recuperando restos.

“Hemos innovado con técnicas de recuperación. Las propias autoridades nos han dicho que van a adoptar las nuestras. Les estamos ahorrando el trabajo como no te imaginas. Suelen salir pequeños huesos y ya sabemos decir cuando es un dental, un pedazo de cráneo, una falange; cuando puede ayudar a la identificación y cuando no, dependiendo de su coloración y otros factores. Tuvimos que demostrarles que no teníamos un título, pero sabemos más que ellos (los peritos forenses). Prácticamente hemos tenido que llevarlos a rastras para indicarles dónde encontrar (restos) y siempre encuentran”, recalca la buscadora.

El co-coordinador del diplomado agrega: “para la universidad es importante reconocerles ese nivel de expertos no solamente de conocimiento empírico sino de esta praxis académica. Si nosotros como institución respaldamos en la opinión pública y frente a los funcionarios el conocimiento y el aprendizaje de las familias, si todas las universidades aproximáramos el conocimiento y certificáramos el trabajo que tienen las familias, otra relación sería con el Estado. Hay que dejar de simular. En esa parte, al menos desde la universidad, proponemos acciones concretas, donde podamos colaborar, pero en las que quede claro: las familias tienen que marcar las necesidades y sus prioridades”.

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