Ruth Ornelas Esquinca es una economista e internacionalista que está convencida de que a la estrategia del combate al narcotráfico en México le hace falta incorporar una perspectiva de análisis económico: Los narcotraficantes son empresarios del mal y toman sus decisiones a partir de variables económicas .

El estudio del narcotráfico con perspectiva económica ha sido empleado en países como Colombia y Estados Unidos. Ruth Ornelas piensa que la ausencia de esta perspectiva ha sido fundamental en el poco éxito del combate en nuestro país. Hemos aumentado significativamente el presupuesto y este incremento no se ha traducido en mejores resultados, dice. Yo postulo que parte del problema ha sido la carencia de un marco de análisis adecuado. Me atrevo a decir que ni siquiera hemos tenido una claridad de objetivos para hacer una evaluación correcta de costo-beneficio .

¿Qué quiere decir con falta de claridad de los objetivos?

Vamos a poner el caso de Colombia. Hicieron una valoración de su estrategia y se encontraron con que lo más eficiente era gastar en la erradicación de cultivos. Aquí hemos planteado las cosas de manera tal que es prioritario ayudar a Estados Unidos a cumplir sus objetivos, que tienen que ver con bloquear el trasiego de drogas para que no entren a su territorio. Nuestro objetivo debería ser minimizar los costos totales de la violencia. Quiero decir los costos humanos, pero incluyo también los económicos.

Habla de reducir los costos, pero eso no basta…

Por supuesto. El objetivo es tener una normalidad compatible con nuestra aspiración de mejorar nuestro nivel de desarrollo. La clave es cómo vamos a reconstruir el tejido social. Esto tiene que ver con asuntos sociales y económicos. También podemos poner en esto la reconstrucción del Poder Judicial y del sector que tiene que ver con la seguridad en México. Volvemos al análisis costo-beneficio: ¿dónde es más productivo colocar los recursos? El reto es medirlo y convertirlo en políticas públicas.

Su análisis dice que el gobierno mexicano incrementó en 78% el presupuesto para el combate al narcotráfico en el sexenio. Hay otra cifra más difícil de medir: el costo para la sociedad y la economía…

Ése es uno de los retos. En lugares como Nuevo Laredo o Reynosa te encuentras que la guerra entre los cárteles ha tenido un efecto devastador en la vida económica. La zona comercial de esas ciudades casi ha desaparecido. No se ha cuantificado el costo en términos de empleo, del deterioro del mercado inmobiliario. Es necesario hacer esta evaluación de costos en varias regiones muy importantes.

Moisés Naím, en Ilícito, nos invita a ver a las organizaciones criminales como corporaciones…

Así es, los narcotraficantes son grandes empresarios… del mal, si quieres. Debemos entender la lógica empresarial de sus decisiones de producción, transporte y distribución. No quiero decir que hay que hacer abstracción de su naturaleza criminal, pero no podemos detenernos en ella. El Cártel de Sinaloa tiene una integración vertical del negocio, donde trata de controlar las diferentes fases del negocio y está siempre en la búsqueda de la diversificación de su portafolio.

En este sentido, hay que entender que se necesita una organización empresarial diferente para atender los mercados de la mariguana, la cocaína, la heroína o las metanfetaminas.

Siguiendo con esta perspectiva económica, ¿cómo entender el impacto que tiene en el mercado laboral del narcotráfico?

No podemos negar que el narcotráfico ha sido una válvula de escape en regiones que generan poco empleo productivo. No quiero decir que una persona se vuelve sicario porque vive en una región pobre, la relación de causa y efecto es mucho más compleja. El narcotráfico puede pagar sueldos de 8,000 pesos al mes a personas que funcionan como halcones y sueldos más altos para tareas más complejas. La gente quiere trabajar con ellos porque hay prestigio o cuando menos no está sancionado socialmente, claro está que depende de las regiones, no es lo mismo Sinaloa que Colima. Para seguir con la perspectiva económica, me gustaría decir algo: tenemos una economía que en muchas actividades es poco productiva y poco competitiva. No puede competir en salarios con el narcotráfico. Los sueldos altos que las empresas criminales pagan son reflejo de la gran productividad y rentabilidad de estas actividades. Una pregunta interesante es qué tan sostenibles son estos altos niveles de productividad de las actividades ilícitas.

Estamos llegando al final de una administración, ¿qué lecciones nos quedan de este sexenio para lo que viene?

México no se puede abstraer de las tendencias internacionales. Nuestro país se volvió un lugar clave en el narcotráfico porque tiene una infraestructura de comunicaciones y transportes que le permite aprovechar su vecindad con el mayor consumidor del mundo.

No es casual que aparezca China como un gran proveedor de precursores químicos para las metanfetaminas. El narcotráfico también está globalizado y no puede desvincularse de los flujos comerciales legales.

Ante estas tendencias internacionales debemos ajustar permanentemente nuestro enfoque. Entender la naturaleza económica y también enfocar sus esfuerzos a reforzar las instituciones civiles, no debemos de seguir militarizando al país.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx