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Política

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Aguantar sol, tormentas y más

“Una calor que hace en esos furgones que pensé que mi hija se me iba a ahogar”, cuenta Karen Paz, integrante de la vanguardia de la Caravana Migrante que llegó la noche del sábado a la Ciudad de México.

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“Una calor que hace en esos furgones que pensé que mi hija se me iba a ahogar”, cuenta Karen Paz, integrante de la vanguardia de la Caravana Migrante que llegó la noche del sábado a la Ciudad de México.

Se refiere al hacinamiento que se da al viajar cientos de centroamericanos en los camiones de carga que se animan a darles ride, achicar el camino a pie, achicar esa distancia que junto con casi 500 compañeros permitió de un jalón ir de Acayucan, al sur de Veracruz, a la capital del país.

Karen viaja con su cipota (hija), Liliana de ocho años. Ella de 34, madre soltera y ama de casa dedicada a la venta de comida salió de San Pedro Sula, Honduras, con sólo 50 lempiras (unos 41 pesos) en la bolsa. Unas mudas de ropa para el calor ha sido todo el equipaje. Ahora una ciudad que los recibe con lluvia y temperaturas más bajas arrecian los síntomas de tos y gripa que va afectando a la mayoría de los migrantes.

“El viaje ha sido cansado, hemos aguantado las tormentas, el sol, caminar. En Chiapas, cayó una gran tormenta y ahí la aguante con la niña, imagine más de 2,000 personas que están en un solo lado y hay veces que uno no cabe con los niños”, recuerda.

En el graderío del Jesús Martínez Palillo, en Magdalena Mixhuca, espacio que albergará a los miles de centroamericanos que se espera que arriben en los próximos días, apenas cubierta por colchas delgadas, la hondureña narra lo que significa vivir en uno de los países que superan a cualquiera en índices de violencia y en precariedad económica.

“Nosotros vendemos comida pero los mareros nos cobran impuesto, el impuesto de guerra. El día que nosotros nos decidimos venir, un día antes decidieron subir la canasta básica. El cartón de huevo va a costar 11 lempiras más, de 80 a 91, la luz y el gas también 11 lempiras, todo está subiendo pero nuestro trabajo no sube, más bien está bajando”, dice.

Para una madre que viaja con una menor en estas circunstancias, las medidas de seguridad se vuelven indispensables: no separarse de ella ni un solo momento, en el baño, al ir por la comida, cuando juega con otros niños.

Caminar días enteros, con los cuerpos ya cansados luego de una travesía desde Centroamérica. El temor a ser deportados y la reiterada amenaza del presidente de EU de impedir el ingreso de la caravana enviando al ejército a la frontera con México. Todo eso a veces merma el ímpetu del viaje.

“Yo lo único que le pido al presidente (Donald Trump) es que mire el esfuerzo que estamos haciendo, que lo haga porque no nos está apoyando, más con nuestros hijos. Lo único que le pido es que se toque con la mano la conciencia y mire todos los sacrificios que hemos venido haciendo todos los compañeros”, manifiesta.

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