Sobre la superficie de madera que sirve para tapiar el multifamiliar Tlalpan un dibujo donde tres mujeres y dos hombres, una de ellas puño en alto, sostienen una pancarta en la que se lee: “Aquí se respira lucha”. Y así ocurre desde hace un año, cuando en una mala jugada del tiempo, un sismo de 7.1 grados convirtió la Ciudad de México en un espacio de tragedia similar al que se vivió hace 34 años.

“No somos desechos del terremoto, somos ciudadanos con derechos. Un año fuera de casa”, se lee sobre ese muro que encierra nueve de 10 edificios que sobrevivieron, no sin afectaciones de distintas dimensiones, y que mantienen a más de 500 familias sin poder volver a sus hogares.

Es aquí donde ocurrió hace 12 meses, el epicentro de la organización ciudadana que no ha permitido que los miles de damnificados caigan en el olvido. Con tres campamentos donde decenas de sus vecinos permanecen aún viviendo en la calle.

Ese 19 de septiembre del 2017 puso en la memoria imágenes que no se borrarán. Los vecinos que deambulaban por la zona “parecía que se les hubiera salido el alma”, un olor a gas “impresionante”, “los que caminaban parecían sonámbulos”.

Caída la noche de ese día parte de los habitantes del multifamiliar que alcanzaron a reunirse sólo les quedó algo que hacer: “Nos sentamos a llorar. No tenemos casa, no sabemos cuándo vamos a regresar, esperábamos una réplica”, recuerda Marisol Arriaga, del edificio 3C.

“Urgía hacer un censo, saber quiénes eran los vecinos y sobre todo qué nivel de afectación tenían algunos en cuanto a pérdida de vida, porque cuando nos quisimos acercar a Protección Civil, todo lo tenían apuntado en una caja de cereal”, cuenta.

Es así como “tapizan” avenida Tlalpan con cartulinas convocando a una reunión de vecinos. Es origen de la asamblea.

“No podíamos nosotros optar por ningún partido (...) No íbamos a permitir que (nadie) ondeara su bandera con nuestro dolor”.

Todo, indica Arriaga, ha sido de damnificado para damnificado. Hemos hecho valer nuestra propia voz.

La exposición en medios genera que damnificados de otros predios se acerquen para conocer su proceso organizativo y es lo que da origen a lo que hoy se conoce como Damnificados Unidos de la Ciudad de México.

Vladimir Estrada, damnificado del edificio 2990, de Girasoles 2 en Coyoacán, unidad habitacional con seis edificios con daño estructural medio, uno demolido y otro que colapsó, cuenta que frente a la propuesta gubernamental de acceder a créditos para la reconstrucción de viviendas, al ser en su mayoría personas de la tercera edad, buscaron sumarse a la organización para oponerse a ello.

“El abandono institucional fue el disparador de la organización (...) hemos logrado que los recursos del fideicomiso para la reconstrucción sean para los edificios, porque sólo se habían ocupado para infraestructura pública”, expresa.

Marisol Arriaga enfatiza que “la resistencia” ha permitido tener avances en la reconstrucción de los predios, que dejaran de ignorarlos, evitar los créditos de tres décadas, hacer a un lado la propuesta de la redensificar los inmuebles.

“Vamos a dejar un precedente y lo que hoy podemos lograr en beneficio de estos damnificados que somos (...) va a quedar muy claro que no hay que pagar por regresar a casa, ése va a ser el mensaje”, expresa.

Deben seguir los apoyos

La organización Save the Children estimó que tras los sismos de septiembre del año pasado, se han dificultado las actividades escolares de 444,112 niñas y niños en Oaxaca, Puebla, Morelos y CDMX.

La coordinadora de respuesta humanitaria de la ONG, Fátima Andraca, indicó que tras un estudio realizado en 183 escuelas de las cuatro entidades, 1,640 alumnos dejaron de acudir a clases, lo que representa 7% de la matrícula.

Se reportó que en Oaxaca, una de las entidades con mayores daños, de 109 escuelas, 41% imparte clases en aulas temporales, en condiciones precarias.

Al presentar el documento “Balance a un año de los terremotos de septiembre del 2017”, la organización informó que han atendido a una población de 141,310 damnificados, de los cuales 69,829 son niñas, niños y adolescentes.

Asimismo, indicó que 52,749 personas se quedaron sin vivienda, mientras que 96,573 han pasado a vivir en condiciones inseguras.

La directora general de Save the Children, María Josefina Menéndez, enfatizó la necesidad de que el gobierno en funciones continúe con las labores de reconstrucción y de apoyo a los damnificados hasta el último día de su administración. (Marisol Velázquez)