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El último Mundial

Opinión
Los mundiales de fútbol se han vuelto un escaparate de los problemas de cada país anfitrión, pero también de los problemas del mundo. Esto es lógico y no ocurre nada más con la fiesta del balompié. También ocurre durante eventos que no son deportivos, por ejemplo, con las reuniones del G-8. El planeta protesta, con razón, por la desigualdad, los agravios, el medio ambiente, la discriminación a las mujeres, por las persecuciones o marginalización de las comunidades LGBTIQ+, en especial por la población trans.
México y su Mundial compartido no podían ser la excepción: protestas de la CNTE contra sus antiguos socios de la 4T y la lucha de los familiares de las personas desaparecidas son dos de las más visibles, pero hay más, muchas más. En un artículo reciente, Carlos Loret de Mola describió los problemas sociales y la ineficacia del gobierno brasileño en el Mundial de 2014, obras inconclusas y protestas multitudinarias, no como las de la CNTE que, en realidad, no son numerosas, pero sí muy agresivas.
En el Mundial de Rusia de 2018 aparentemente todo fue tranquilo porque Putin quería proyectar una imagen de país moderno. Pero detrás de esa imagen, Amnistía Internacional presentó un amplio reporte en donde documentaba una represión brutal contra opositores, periodistas críticos y poblaciones LGBTIQ+, entre las principales. Amnistía Internacional solicitó a la FIFA su mediación ante el gobierno ruso para frenar esta situación. Por supuesto, el negocio es primero.
Respecto al Mundial de Qatar en 2022, investigaciones periodísticas, destacadamente las de France Football, sugirieron que el país había comprado los votos para ser designado sede. Algunos años después, autoridades de Estados Unidos y Suiza confirmaron los sobornos, lo que ocasionó la caída del hasta entonces mandamás de la FIFA, Joseph Blatter. Pero hay más. Varias organizaciones humanitarias alertaron sobre el trato que Qatar daba a los cientos de miles de trabajadores, principalmente de India, Pakistán y Nepal, que construyeron la infraestructura bajo condiciones laborales abusivas, impago de salarios, retención de pasaportes y jornadas extenuantes bajo temperaturas extremas. Se habla de miles de muertes de obreros durante esa etapa.
Por otro lado, varias organizaciones quisieron aprovechar el evento para señalar
la ausencia de derechos para la población LGTBIQ+. La homosexualidad es un delito en Qatar. Igualmente, subrayaron las leyes de tutela masculina, que imponen restricciones severas a las mujeres qataríes, quienes requieren el permiso de un tutor para estudiar, viajar o casarse. Le plantearon estos temas a la FIFA, quien nuevamente vetó cualquier manifestación a favor de cambiar estas situaciones. De nuevo, el negocio está primero.
Ahora, el Mundial que ayer arrancó está amenazado por las políticas persecutorias y racistas de Trump, por la falta de sensibilidad de la FIFA y los dueños del negocio y, curiosamente, por la CNTE. Esta organización ha recibido prebendas y recursos cuantiosos de sus aliados de la 4T, pero ahora chantajea por más. Son recibidos por secretarios de Estado quienes les ruegan que paren y se porten bien. En cambio, a las organizaciones que buscan a sus familiares y amigos desaparecidos los reciben para no resolver nada, pero para decir en la “Mañanera del pueblo” que fueron recibidos y “atendidos”.
Respecto a este tema, cabe señalar lo ocurrido en la Mañanera de ayer jueves. La presidenta Sheinbaum aludió a las pocas personas que pedían por la aparición de sus familiares asegurando que había más presencia de la Comisión de Búsqueda y a continuación sonrió de manera burlona. Desgraciadamente tiene razón, la soledad de estas personas que buscan a sus hijos, hijas, padres, amigos y compañeros en medio de un dolor indescriptible es enorme, pero su lucha desgarra de norte a sur y de este a oeste a nuestro país. Más todavía, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, afirmó que el gobierno investiga quien patrocinó el viaje de varias personas para fortalecer las movilizaciones de estos buscadores y buscadoras, arrojando una sospecha sobre su causa. Una sospecha vil, pero del tamaño de lo que hace la 4T.
Regresando al tema del Mundial, es interesante un texto de The Economist publicado el pasado 8 de junio y titulado: Este podría ser el último Mundial. Textualmente señala que: “La cooperación internacional se ve amenazada por el auge del etnonacionalismo, y las instituciones globales están perdiendo credibilidad. El estatus de la Copa Mundial como el mayor evento de entretenimiento del planeta ha creado una ilusión: la de ser una de las pocas empresas cosmopolitas capaces de trascender las tendencias localistas. Sin embargo, las grietas en esa fachada parecen hacerse cada vez mayores, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿podría ser esta la última Copa Mundial?”.
Personalmente, lo dudo, el negocio es muy jugoso, sin importar las vidas que cueste.
