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Sheinbaum en NY

Fausto Pretelin Muñoz de Cote | Globali… ¿qué?
La presidenta mexicana eligió viajar a Nueva York y ausentarse en la inauguración del Mundial en el estadio Azteca; sus decisiones demuestran inconsistencia y falta de planeación.
¿Dos meses atrás sus asesores no pusieron sobre la mesa el escenario de una invitación del presidente Trump a la clausura del Mundial de América del Norte? ¿Qué probabilidad tendría la invitación a Nueva York por parte de la Casa Blanca?
Por lo que toca al partido inaugural en el estadio Azteca hay dos componentes:
El primero de ellos es el rasgo demagógico. La presidenta Sheinbaum se presentó en el deportivo Hermanos Galeana para generar activos de empatía con la población en lugar de haber acudido al Azteca junto al primer ministro de Canadá Mark Carney y el presidente Donald Trump. Nuevamente la política exterior, como ocurrió durante el sexenio de AMLO, quedó relegada por su perfil populista.
¿Quién o quiénes aconsejaron a la presidenta no entregar invitaciones al canadiense y al estadounidense? ¿De qué sirvió el relevo en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE)? La juventud de Roberto Velasco supuestamente le ayudaría al nuevo secretario a entender que, por lo menos, no era una decisión optativa invitar a Carney y a Trump. Era materia obligatoria.
El segundo componente es producto de la polarización social a la que apostó AMLO y la propia presidenta: creer que gobernar es tener interacciones solo con segmentos de la población con menos recursos económicos. El temor a los abucheos desincentivó a la presidenta Sheinbaum asistir al Azteca: es el mal de las mañaneras.
El viaje a Nueva York de la presidenta ocurre bajo un entorno ríspido en su relación con Estados Unidos.
Tres días antes, el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kozak, dejó en evidencia la falta de preparación jurídica del gobierno mexicano informando públicamente que regresaba unas cartas con las que la cancillería mexicana solicitó una revisión de los protocolos para operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Su oficina criticó a México por pretender “dictar” las acciones que se llevan a cabo en Estados Unidos.
El 14 de julio la SRE reveló un conjunto de medidas en “respuesta a los fallecimientos de personas mexicanas bajo custodia o en operativos del ICE”.
El Gobierno de la presidenta Sheinbaum, “en coordinación con la Fiscalía General de la República”, levantará una denuncia ante del Departamento de Justicia; lo mismo harán ante “fiscalías estatales correspondientes” y enviará “escritos de cese y desistimiento” (al parecer se trata de la devolución que hizo la oficina de Michael Kozac).
La SRE también anunció que enviará un comunicado al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Una reunión con el presidente Trump (no en un estadio de futbol) en la que la presidenta mexicana aborde el tema de ICE sería más exitosa que el envío de una serie de comunicados y peticiones a entregar en Oficialía de Partes.
Los asesores jurídicos de Palacio Nacional y de la SRE deberían de analizar el fracaso que tuvo en el sexenio pasado la demanda civil del Gobierno mexicano en contra fabricantes de armas en Estados Unidos.
En el mapa estratégico del Gobierno de la presidenta Sheinbaum se encuentra la falla: creer que el interés por el tema de seguridad en México por parte de Estados Unidos se reduce a “una oficina en Nueva York”, la que se encarga de interrogar a narcotraficantes que han tenido operaciones con políticos mexicanos.
Esta fue la visión miope que tuvo AMLO sobre Estados Unidos.
AMLO nunca se enteró, por ejemplo, de la batalla que tuvo Trump con agencias de inteligencia de su país. James Comey sabe del tema.
¿Lo sabrán los dos Robertos: Lazzeri y Velasco? Podrían comentárselo a la presidenta.

