Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Las palabras y sus caminos

main image

Linda Atach Zaga | Columna Invitada

Linda Atach Zaga

"Piensa mal, pero en todos los casos, piensa por ti mismo."

Doris Lessing

Para Adela T. M. con amistad y gratitud.

A veces decimos o escribimos cosas sin pensar en sus alcances. Y no siempre por falta de conciencia, sino porque un acto, que para nosotros puede ser poco significativo, tiene el poder de cambiarle el día -o la vida- a nuestros interlocutores.

Hace casi veinte años recibí un libro que dejé en el primer intento. Lo relegué sin culpa y con la aburrida razón de apegarme a la rutina y no exponerme, ni siquiera a una lectura que atentara en contra de la inercia y los ideales que entonces tenía.

La maravilla es que la vida te alcanza. Hace unos días y de la nada, justo cuando acomodaba unas repisas, el libro cayó al piso, decidido a escaparse de la inmensa pila que preparaba para una donación.

Lo levanté y desempolvé al tiempo que me debatía en darle o no, una segunda oportunidad. Ladeé la cabeza y le hice un guiño, luego sonreí. El águila negra impresa en el fondo blanco de la portada había llamado mi atención desde el primer momento y el título invitaba, además había otra ventaja: no recordaba nada de la trama y esto me aseguraba la sorpresa de un nuevo descubrimiento.

La Grieta, de Doris Lessing. Lo abrí y revisé la fecha de su publicación: 2007, el mismo año en que su autora recibió el Nobel de Literatura por ser una "épica de la experiencia femenina", visibilizar las injusticias en la África colonial, las contradicciones de la política del siglo XX y la “cosmovisión” de las mujeres modernas.

¿Por qué demonios no lo tomé antes? Me pregunté cuando, con muy pocas letras, el epígrafe me resumía el libro y sus verdades: “Los hombres hacen, las mujeres son.”

Y así, en el momento que daba vuelta a la primera página, cayó una pequeña tarjeta, manchada de café y firmada por una amiga querida:

“La grieta es uno de los libros de mi viaje iniciático. Un detalle a manera de caricia para recordarte mi cercanía”.

Desbordada por la gratitud y el reencuentro con mi siempre generosa compañera, me devoré el libro en dos días, y eso que me tardé por el subrayado, las vueltas a leer y el montón de reflexiones que anoté en las guardas y los espacios en blanco de la portadilla y la contraportada.

Si bien parte de las conclusiones que rescato de la experiencia son personales y se enfocan en la complejidad de las relaciones entre hombres y mujeres y, por supuesto, en lo genuino de las amistades que reclaman su derecho de antigüedad, lo que me queda cada vez más claro es el valor de la palabra y las convicciones, pero sobre todo, la magia de decir lo que pensamos, aunque esto resulte inconveniente para algunos.

Revisando más sobre Doris Lessing, supe que a pesar de haber sido distinguida con los premios literarios más prestigiosos de Europa, ella aseguraba que jamás recibiría el Nobel. Cuando por fin lo conquistó, tenía ochenta y ocho años y mucho que pagar: por un lado, una implacable independencia ideológica, por el otro, las relaciones con el comunismo de su juventud.

Quizá por eso se sorprendió tanto cuando su genio y sensibilidad sobrepasaron las limitantes y agendas de Estocolmo.

Hablando de los alcances de la palabra, hoy estamos ante una encrucijada con el sometimiento a consulta pública de la propuesta regulatoria “Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias”, que tiene entre sus objetivos el libre acceso y difusión de la información plural y oportuna, sin afectar la libertad editorial y con facultades para resolver cualquier controversia e imponer sanciones, algo que no sucedía desde 2017.

Pensar en “la protección de las audiencias” por parte de un gobierno democrático y, de paso, el más popular que ha tenido el país en décadas, debería preocuparnos y replantear nuestro lugar como usuarios: ¿En verdad necesitamos que nuestro consumo de información se “proteja”? ¿Dónde queda nuestro criterio y capacidad para discernir e incorporar lo que mejor nos parezca?

Si queremos que los futuros escritores y pensadores mexicanos trasciendan y logren el Nobel a pesar de sus filiaciones y pensamientos, debemos defender nuestro derecho a ser informados sin censura.

Revisemos los lineamientos y respondamos. Será en honor de la palabra y sus posibilidades.

La consulta termina el 21 de agosto de 2026 a las 23:59 horas.

https://portal.crt.gob.mx/consultapublica 

Linda Atach Zaga

Linda Atach Zaga es historiadora de arte, artista y curadora mexicana. Desde 2010 es directora del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete