Buscar
Opinión

Lectura 8:00 min

Lynn Margulis: la rebelde que cambió la biología

main image

Rafael Lozano | Columna Invitada

Rafael Lozano

Hay una forma de describir a Lynn Margulis (1938-2011): la científica ignorada durante décadas y finalmente reconocida. Pero esa historia, aunque cierta, es insuficiente. Margulis no fue solo una investigadora adelantada para su tiempo. Fue una fuerza disruptiva dentro de la forma dominante de pensar la vida.

De niña se llamaba Lynn Petra Alexander. Ya casada, algunos años publicó como Lynn Sagan, pero el mundo científico la nombra Lynn Margulis. En la secuencia vemos a una mujer científica que entra y circula en una estructura que no fue diseñada para ella en sus propios términos. Hay ahí una primera forma de injusticia, pero no es la más profunda.

Durante décadas Margulis sostuvo una idea que hoy resulta indispensable para entender la célula eucariota: la teoría endosimbiótica. Es decir, nuestras células no surgieron por cambios internos, sino por la integración de diferentes organismos que aprendieron a vivir juntos. Que las mitocondrias, esos pequeños orgánulos que producen la energía de casi todas nuestras células, no son “nuestras” en sentido estricto, sino descendientes de bacterias que fueron incorporadas.

Lo que a menudo se dice es que el artículo científico en el que propone su teoría fue rechazado en más de una docena de veces, por comités de revistas de biología, genética y evolución. No eran revistas periféricas, representaban el corazón de la biología de su tiempo. Pero, más que enumerar los rechazos, lo que importa es entender las razones.

Margulis no sólo hablaba de un mecanismo evolutivo. Desafiaba una ontología de la biología dominante del siglo XX. La medicina, que se alimentaba de ella, se organizó alrededor del individuo. Un organismo delimitado, que compite, que se defiende, que enferma debido a fallas internas, o por agresiones externas. Esa imagen funciona porque permite clasificar, intervenir y corregir.

Pero Margulis introduce algo más. Ella no habla de enfermedad o conflicto. Habla de integración, convivencia, persistencia y simbiosis. La célula deja de ser una unidad pura y se convierte en una historia de acuerdos biológicos. La vida deja de explicarse solo por la competencia ­y empieza a explicarse también como cooperación continua. Para decirlo simple, el cuerpo no es una unidad cerrada. Es una comunidad.

Ese cambio no fue menor, sigue siendo en muchos sentidos. Aunque difícil de asimilar para una medicina estructurada sobre la dualidad: interior/exterior, sano/enfermo, propio/extraño. Una medicina que piensa en términos de defensa, control y corrección.

No hablamos de un desacuerdo técnico que se resuelve con más datos. Nos referimos a décadas de demora antes de que estas ideas empezaran a filtrarse en la enseñanza biomédica. Y aun cuando fue aceptado que las mitocondrias tienen origen bacteriano, la implicación más profunda quedó suspendida. El individuo, en términos biológicos, no es una unidad cerrada ni autosuficiente.

Aquí volvemos a la injusticia epistémica. Margulis no fue ignorada únicamente por ser mujer en un campo jerárquico y masculinizado. Fue ignorada porque su propuesta desbordaba la corriente dominante del saber biomédico. Ese saber que no solo juzga quién habla, sino también que puede ser considerado conocimiento válido.

El cuerpo como comunidad

Mientras la biología consolidaba su mirada sobre el núcleo, el gen y la herencia centralizada -una lógica de mando jerárquica-, Margulis nos hace mirar la célula de otra manera: no como una unidad gobernada desde el centro (núcleo) sino como una convivencia históricamente estabilizada entre distintas formas de vida.

La tensión con la corriente neodarwiniana dominante es clara. No porque Margulis negara la evolución ni la selección natural, sino porque cuestionó que la competencia bastara para explicar los grandes saltos de organización de la vida. Introdujo algo distinto: la integración de la fuerza evolutiva. La medicina, sin embargo, sigue otorgando centralidad explicativa a la genética y no termina de asumir la integración entre las partes como condición constitutiva de la vida.

Si el cuerpo es comunidad, la fisiología deja de ser solo el estudio del funcionamiento interno para encargarse también de entender el sostenimiento de relaciones viables. Y la patología, vista desde ahí, ya no es falla o agresión, sino una ruptura o desorganización de esa comunidad, Esto no es un matiz conceptual. Es un cambio de eje, un cambio de paradigma. Porque una medicina fundada sobre individuos tiende a atender para corregir. Una medicina basada en comunidades tendría que aprender a entender la complejidad para potenciar la capacidad de resistencia.

En las últimas décadas, la ciencia ha empezado a reencontrase con varias de las intuiciones centrales de Margulis. En algunos casos no se trata de enfoques marginales, sino de verdaderos avances hacia una comprensión integrada de lo vivo. Sin embargo, ese desplazamiento aún no reorganiza el marco dominante de la medicina.

Esa tensión también se juega en la formación médica actual. La biología que se enseña no es neutral: está orientada hacia la enfermedad, hacia la identificación de fallas. La célula como unidad, el gen como instrucción, la fisiología como antesala de la patología. Margulis no niega ese recorrido, pero lo reubica. Hace una pregunta que tensa al saber biomédico ¿y si en lugar de entender al cuerpo como una unidad que falla, lo vemos como una comunidad que logra sostenerse?

He consultado informalmente -sin pretender generalizar- a estudiantes de medicina, médicos recién egresados, especialistas e investigadores formados en distintas generaciones si recuerdan haber estudiado la teoría endosimbiótica durante la carrera. La respuesta suele repetirse, el término apareció, pero no como una idea capaz de reorganizar la comprensión del cuerpo, la fisiología o la enfermedad. El problema no es que Margulis sea desconocida, es neutralizada pedagógicamente.

Eso importa más de lo que parece. Porque la forma en que se enseña biología no solo transmite contenidos; forma una perspectiva clínica. Si desde el inicio de la carrera se aprende a ver entidades separadas que se alteran, la medicina refuerza una lógica de atención orientada a corregir. Pero si se incorpora la intuición de Margulis, cambia el punto de partida y el cuerpo deja de ser solo un sistema que puede fallar y pasa a entenderse como red de relaciones que puede desorganizarse.

Golpes al narcisismo de la civilización

Copérnico nos sacó del centro del universo. Darwin nos devolvió el linaje animal. Freud advirtió que ni siquiera somos dueños de nuestra propia mente. Margulis introdujo una incomodidad todavía más fuerte, el individuo no es una unidad, es una simbiosis de extraños (**). Y Christopher Wild, con el concepto de exposoma, desdibuja nuestras fronteras al recordarnos que nuestra biología no se agota en los genes ni en el cuerpo, sino que se construye en diálogo continuo con el entorno. La ciencia nos ha ido despojando de certezas narcisistas para devolvernos algo más exigente: no somos el centro sino una trama de relaciones.

Volver a Margulis no es un acto de justicia histórica. Es una oportunidad para revisar los supuestos más básicos de la medicina y reconocer que el conocimiento no se retrasa solo por falta de evidencia, sino por las estructuras que deciden que puede ser pensado. Quizás por eso es conveniente no domesticar su figura, sino mantenerla en el lugar donde fue más fértil: no solo cambió la teoría. Cambió el problema.

(**) Este pasaje dialoga libremente con una formulación de Nina Vinot (2025) sobre Margulis y los golpes al narcisismo moderno (https://bit.ly/4u9iYVV)

Para profundizar, pueden consultarse el artículo fundacional que publicó como Lynn Sagan en 1967, On the origin of mitosing cells (https://bit.ly/4foFrut), y el libro editado por Dorion Sagan, Lynn Margulis. Vida y legado de una científica rebelde, publicado en español en 2014 por Tusquets.

*El autor es investigador Emérito del SNII. Profesor Emérito del Dpto. de Ciencias de la Medición de la Salud, Universidad de Washington. rlozano@uw.edu; @DrRafaelLozano

Temas relacionados

Rafael Lozano

El autor es profesor Titular del Dpto. de Salud Pública, Facultad de Medicina, UNAM y Profesor Emérito del Dpto. de Ciencias de la Medición de la Salud, Universidad de Washington. Las opiniones vertidas en este artículo no representan la posición de las instituciones en donde trabaja el autor.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete