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La FIFA requiere una mayor transformación
La creciente mercantilización del futbol mundial, con boletos caros, opacidad, concentración de poder y expansión comercial, aleja aficionados, favorece élites y exige reformas profundas.

Federico Rubli Kaiser | Expectativa racional
Dentro del entusiasmo que produce ver buenos partidos de futbol en esta Copa del Mundo y esperanzarnos en un buen desempeño de la Selección Nacional, no se debe perder el ángulo crítico que se ha hecho a la FIFA, propiciado principalmente por los precios de los boletos, la opacidad en su distribución, el peso creciente de la hospitalidad corporativa y la segmentación comercial, que están empujando al torneo hacia un modelo cada vez más elitista y clasista. El cuestionamiento de fondo es: ¿hacia dónde lleva la FIFA al futbol como institución global?
El problema para muchos no es una FIFA débil sino, al contrario, una extremadamente eficaz para concentrar rentas, poder de decisión y visibilidad global, sin que su estructura de rendición de cuentas haya evolucionado al mismo ritmo.
Las críticas se pueden agrupar en cinco categorías: 1) Un modelo económico desequilibrado, donde la FIFA concentra ingresos y transfiere costos a las sedes y gobiernos anfitriones. Por ejemplo, a México le exigió importantes exenciones fiscales. 2) Expansión excesiva de equipos, con el riesgo de degradar formatos y sobrecargar el calendario. Con la ampliación a 48 equipos, el aficionado se ha sentido abrumado y confundido. 3) Conflicto con jugadores y ligas, derivado de la saturación de partidos y la tensión entre salud del jugador y la maximización del negocio. 4) Una gobernanza centralizada con persistentes prácticas monopólicas y ausencia de contrapesos internos. El poder de Infantino, con su salario anual de 4.7 millones de dólares, es unipersonal y absoluto. 5) Una fuerte desconexión con los aficionados, expresada en boletos caros, procesos opacos del boletaje y una mercantilización creciente del Mundial.
Ante los ojos de la FIFA, el aficionado dejó de ser fan; ahora es cliente Premium. La FIFA parece haber llegado a la conclusión de que el aficionado tradicional —el que sigue a su selección, ahorra durante años, hace filas, soporta sorteos y vive el futbol como pertenencia— vale menos que el consumidor dispuesto a pagar una experiencia Premium con paquete corporativo incluido. Los mundiales pueden perder su base popular.
Se percibe que los aficionados tienen cada vez mayor lealtad a sus equipos locales que a su selección nacional. A ello respondió la ampliación del Mundial de Clubes y a que este Mundial, más que los anteriores, sirva para cazar talentos para aumentar el atractivo de las importantes ligas europeas.
No hay que desestimar que en Estados Unidos hay una demanda legal abierta contra la FIFA por monopolio y prácticas anticompetitivas que se centran en las restricciones a partidos extranjeros en territorio estadounidense y las recientes investigaciones por la venta de boletos del actual Mundial. La Suprema Corte de EU permitió que el caso avance y continúe su proceso legal en los tribunales federales. Podría convertirse en un precedente importante.
El cambio en la FIFA para atender los cinco temas expuestos sólo podría gestarse desde adentro, es decir, por parte de una mayoría de las 211 asociaciones o federaciones afiliadas al organismo. Pero mientras éstos se comporten como servidores irrestrictos de la FIFA, incluido nuestro lacayo Mikel Arriola, será difícil que haya una transformación. Mientras tanto, los aficionados seguiremos siendo los perdedores.

