Cuando se utilizan a gran escala como medio de pago, las monedas estables pueden presentar riesgos importantes para el sistema financiero. Un nuevo informe consultivo sobre la aplicación de los estándares de pagos internacionales actuales a estas monedas digitales es un hito en tres aspectos.

HONG KONG/LONDRES – El cambio tecnológico acelerado está alentando el surgimiento de numerosas iniciativas privadas (a menudo con respaldo de las grandes tecnológicas) en el mundo de las finanzas, y en particular en los sistemas de pago. Como consecuencia de ello, es posible que el sistema financiero global hoy esté en un punto de inflexión.

Las últimas novedades incluyen las “monedas digitales estables” (stablecoins), que evitan la volatilidad de sus parientes cripto más conocidas (como el bitcoin) porque su valor está respaldado por un conjunto de activos. Las monedas digitales estables pueden favorecer la competencia en los sistemas de pago, al aplicar la tecnología y la innovación para reducir costos y ofrecer nuevos servicios. Pero su uso a gran escala como medio de pago puede plantear riesgos sustanciales al sistema financiero.

Cada día, millones de hogares y empresas (y el sector financiero) transfieren fondos a través de sistemas de pago. Estas redes, piedra basal del sistema financiero, son el instrumento para casi todas las transacciones que se realizan en la economía. En caso de interrupción, o pérdida de confianza de los usuarios, por la razón que sea, el impacto sobre la estabilidad financiera y sobre la economía real puede ser enorme.

El cambio tecnológico y la innovación son esenciales para que los sistemas monetarios y de pago se sigan desarrollando. La forma en que pagamos hoy es muy distinta a la que usábamos hace cincuenta o cien años: sin innovación tecnológica, todavía haríamos todas las transacciones con monedas de metal. Pero los avances no deben implicar un relajamiento de las normas de seguridad y un aumento de riesgos, ya que hay mucho en juego. El éxito de nuevos sistemas de pago debe ser resultado de ofrecer servicios financieros mejores (y tal vez, de ampliar el acceso a ellos); no de que puedan operar con normas menos estrictas (o con ninguna).

Después de la crisis financiera global del 2008, que reveló las consecuencias reales de la innovación irrestricta, bancos centrales y autoridades encargadas de la regulación de valores colaboraron en la creación de normas internacionales claras para los sistemas de pago. De estas iniciativas surgieron los Principios para las Infraestructuras del Mercado Financiero (PIMF), publicados en el 2012 por la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO por la sigla en inglés) y por el Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado (CPMI) del Banco de Pagos Internacionales.

Los principios buscan asegurar la solidez y seguridad de todos los elementos clave de la infraestructura financiera, incluidos los sistemas de pago, y que los usuarios puedan confiar en ellos. Por este motivo, el CPMI y la IOSCO acaban de publicar un informe consultivo sobre la aplicación de las normas internacionales sobre sistemas de pago a las monedas digitales estables.

El nuevo informe es trascendental en tres aspectos. En primer lugar, confirma que las normas internacionales actuales referidas a los sistemas de pago son totalmente aplicables a las monedas digitales estables cuando se las usa para proveer servicios de pago. Con la aplicación propuesta de la normativa a las stablecoins, cada jurisdicción tendrá un marco de referencia internacional para la elaboración de respuestas regulatorias frente a la aparición de nuevos sistemas de pago locales y transfronterizos.

En segundo lugar, al explicar la relación entre los principios que ya existen y las monedas digitales estables, el informe es un gran avance en el sentido de aplicar a esta importante y cada vez más difundida innovación en el área de los pagos la idea de que cuando el negocio y los riesgos son iguales, iguales han de ser las reglas. Los esquemas de stablecoin, sea los que ya existen o los que puedan surgir, poseen ciertas características que los distinguen de otros sistemas de pago. Usan tecnologías diferentes y pueden tener diferentes modelos de gobernanza. Además, a diferencia de otros sistemas de pago, donde los fondos se transfieren como dinero del banco central o depósitos en los bancos comerciales, los esquemas de stablecoin no sólo hacen la transferencia, sino que también crean el dinero (la moneda digital en sí) usado para transferir los fondos.

El informe consultivo ofrece pautas para la aplicación de las normas internacionales actuales a estas novedosas características de las monedas digitales estables. Un elemento crucial es su propuesta de que para los esquemas de stablecoin sistémicos o con altas probabilidades de llegar a serlo, las normas internacionales deben aplicarse a todos sus elementos, incluida la moneda digital en sí. El informe deja en claro que la liquidación de transacciones mediante monedas digitales estables sólo es admisible si cumplen las mismas normas estrictas aplicadas a las otras formas de dinero ya usadas para ese fin. En concreto, establece expectativas en cuanto a la liquidez y solvencia de las monedas digitales estables y en cuanto a los derechos de sus poseedores, incluido el derecho a cambiar en forma inmediata cualquier tenencia de moneda digital por su valor nominal en efectivo.

En tercer lugar, las pautas propuestas sirven para que los operadores de stablecoins, actuales y futuros, puedan estructurar sus esquemas en formas que no impliquen un relajamiento de las normas ni la creación de nuevos riesgos para la estabilidad financiera. Esto ayudará a garantizar una competencia igualitaria con otros proveedores de servicios de pago. Las estructuras internas y los marcos legales de las stablecoins actuales pueden dificultar en gran medida el cumplimiento de los PIMF a menos que se les implementen reformas.

Este nuevo informe sobre las monedas digitales estables es un importante avance en lo referido a reconocer el potencial y los beneficios de las finanzas digitales, sin dejar de proteger a los usuarios contra riesgos que no es lícito ignorar. En última instancia, la posibilidad de hacer pagos (locales o transfronterizos) en forma rápida, barata y transparente debería estar al alcance de todos. Para ello es necesario alentar la innovación y la competencia, de modo que los usuarios tengan acceso a nuevos servicios y puedan optar entre proveedores. Pero también es importante que los servicios de pago sistémicos o con altas probabilidades de llegar a serlo sean sólidos y seguros, por el bien de los usuarios y para garantizar la estabilidad del sistema financiero global.

Ashley Alder es presidente de la Junta de la Organización Internacional de Comisiones de Valores y director ejecutivo de la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong.

Jon Cunliffe es presidente del Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado del Banco de Pagos Internacionales y vicegobernador de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra.

Traducción: Esteban Flamini

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