Imagino al presidente de Estados Unidos Donald Trump esbozando una sonrisa burlona ante las reacciones del gobierno mexicano por la inclusión de inspectores laborales que supervisarán el capítulo laboral del recién firmado T-MEC.

El entusiasmo inicial por la firma del T-MEC se fue al pozo; el complicado capítulo laboral impuesto por los Estados Unidos a México se complica aún más por la presencia de inspectores laborales, pomposamente llamados agregados diplomáticos laborales, que supervisarán su cumplimiento.

Dicho capítulo versa sobre disminuir las asimetrías laborales en los países firmantes referidas a salarios, condiciones laborales y libertad sindical (artículo 23.3). Es de todos conocido que los salarios y derechos laborales en México, no son equiparables con los vecinos del Norte. Por tan sólo hablar del salario mínimo, un trabajador recibe en México 3,080 pesos mensualmente, en Estados Unidos es de 33,114 pesos y en Canadá 38,400 pesos.

El descontento en México sobre los inspectores internacionales fue alimentado por las explicaciones oficiales, que van desde el desconocimiento del gobierno mexicano, hasta el madruguete por parte del gobierno de Estados Unidos.

El negociador en jefe del T-MEC, Jesús Seade señaló en una misiva que le “sorprende” que sean incluidos mecanismos adicionales a los establecidos en el propio documento. Por su parte el líder del Senado, Ricardo Monreal, comentó que es inaceptable la presencia de inspectores laborales que supervisen la reforma laboral.

El sector empresarial se manifiesta preocupado por que se otorgue un poder desorbitado a los líderes sindicales en las negociaciones de los contratos colectivos de trabajo, en aras de darle cumplimiento al T-MEC, preocupación basada en el comportamiento histórico de los líderes sindicales mexicanos que, distan mucho por preocuparse por sus agremiados.

Los empresarios mexicanos están “muy de acuerdo” en aumentar las condiciones laborales de los trabajadores, sobre todo esa “ficción denominada salario mínimo”, en lo que no están de acuerdo es que un proceso desordenado, improvisado y complaciente ponga en riesgo el patrimonio ganado con mucho esfuerzo. Antes que poner en juego a los sindicatos, hay que revisarlos.

La inclusión de la figura de los inspectores o agregados laborales no tiene reversa, el gobierno mexicano, en lugar de protestar, debe pensar en elaborar una terna implacable que supervise el cumplimiento laboral en Estados Unidos. Mi propuesta son Víctor Flores, Carlos Romero Deschamps y Martín Esparza. Esa tercia ni Trump la controla. Dulce venganza.

La reforma laboral en México fue largamente aplazada, recientemente el gobierno mexicano puso una reforma en marcha; sin embargo, el destino nos alcanzó, es una pena que otros países nos obliguen (aunque sea por conveniencia o, por un madruguete) a dar mejores condiciones a nuestros trabajadores. Querido y festejado lector hasta la próxima y cuídese mucho en estas fiestas, el Torito anda promocionando un menú perrón para la Navidad.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.