El aumento al presupuesto en salud de 15.2%, aprobado ya como parte del presupuesto de egresos para 2022, es más que positivo y bienvenido. Conforme los cálculos de expertos serán unos 140,000 millones de pesos adicionales considerando gasto programable y no programable. Hay que decir que estando aún en medio de la emergencia sanitaria debido a una pandemia histórica es lo mínimo que amerita.

Ya nos urge remontar. El Covid-19 seguirá absorbiendo recursos presupuestales públicos y privados los siguientes años, pero se requiere darle prioridad también a otras epidemias y en general a la atención de enfermedades no Covid para superar el rezago arrastrado en los últimos dos años que nos dejó la reconversión hospitalaria.

Aún está por verse que en el Senado pase el presupuesto igualmente sin cambios y sin aceptar ninguna de las casi 2,000 reservas de la oposición. Conforme lo aprobado por la Cámara de Diputados, serán cerca de 800,000 millones de pesos lo que se ejercerá el próximo año para salud.

Hay que decir que en proporción al Producto Interno Bruto (PIB) representa 2.8%, es decir, el avance será muy menor; aún estamos lejos de la promesa de incrementar el gasto en salud en 1% del PIB. Ya sabemos que para acercarnos a los niveles de atención en salud nórdicos tendríamos al menos que duplicar esa proporción del gasto público en salud. En esas naciones sus gobiernos invierten de 8 a 10% del PIB en salud.

Aquí aparte tenemos cifras manipuladas. El anunciado aumento de recursos para salud está incluyendo lo que por tercer año consecutivo se le succiona al Fondo de Salud para el Bienestar (Fonsabi, antes Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos del extinto Seguro Popular). Es decir, no son recursos nuevos. Sólo pasan de una bolsa a otra. A dicho Fondo en 2019 le quitaron 40,000 millones, en 2021 tomaron otros 33,000 millones y para 2022 van por todo el remanente que se estima en 66,000 millones de pesos. Es lamentable que no se transparente hacia dónde específicamente destinan estos multimillonarios recursos que eran reservas para cubrir enfermedades costosas.

Para medicamentos, $75,000 millones

En el terreno de medicamentos e insumos para la salud, Enrique Martínez, del Instituto Farmacéutico (Inefam) nos comparte sus análisis del PEF 2022 que proyectan un presupuesto total de 123,000 millones de pesos para compras en este rubro. Sería aparentemente una cifra récord, pero hay que considerar 28,000 millones de pesos que serán para comprar vacunas, primordialmente vacunas anti covid. Es decir, es un renglón no considerado en anteriores presupuestos, y, una vez más, no está claro de dónde saldrán estos recursos. Se deduce que del Fonsabi, pero no lo precisan.

Las vacunas Covid, conforme Inefam, absorberán unos 20,000 millones de pesos y los restantes 8,000 millones serán para vacunas no Covid, lo cual es una formidable noticia pues ayudará a mitigar el enorme déficit de vacunas sufrido en México en los últimos años desde anteriores administraciones.

Quitando estos 28,000 millones, quedan 95,000 millones de pesos que, conforme las revisiones de Inefam, se espera sean para compra de otros insumos. Unos 20,000 millones de pesos serían para material de curación y dispositivos médicos, cifra castigada respecto de años anteriores.

Para medicamentos quedarían entonces unos 75,000 millones de pesos, monto superior a años previos en que se ha destinado entre 65,000 y 70,000 millones de pesos, aunque ya sabemos que con resultados poco eficientes.

En este marco, nos hace ver Enrique Martínez, el Insabi emitió una convocatoria para la adquisición consolidada de unas 900 claves de fármacos para 2022 (la mitad de lo que el Gobierno compra cada año aproximadamente), lo que implicaría un monto cercano a los 55,000 millones de pesos, incluidos 8,000 millones para vacunas No-Covid. Es decir, para fármacos son unos 47,000 millones de pesos.

Eso significa que aún estará por verse cómo y en qué tipo de compras se ejercen otros 28,000 millones de pesos para medicamentos. Quizá sean ejercidos por UNOPS o mediante otros esfuerzos de compra. Eso lo iremos sabiendo en los siguientes meses, pero por lo pronto lo importante es que hay un esfuerzo por invertir más en tratamientos para pacientes. Sería importante que el esfuerzo también se centre en planeación y distribución para resolver el severo embudo que hay en el reparto.

maribel.coronel@eleconomista.mx

Maribel Ramírez Coronel

Periodista en temas de economía y salud

Salud y Negocios

Comunicadora especializada en salud pública y en industria de la salud. Cursando la maestria en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM.

Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, concepto sobre salud femenina. Me apasiona investigar y reportar sobre salud, innovación, la industria relacionada a la ciencia, y encontrarle el enfoque de negocios con objetividad a cada tema.

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