La segunda vuelta electoral se ha convertido en la panacea que resolverá todos los males de la política mexicana, sus promotores consideran que ante la fragmentación electoral podría resolver el problema de la legitimidad del presidente electo; sin embargo, parece que no traería una mayor calidad en la gestión de gobierno ni en la calidad de los servicios públicos.

Para que funcione debe ir acompañada de una gran transformación en los mecanismos de limitación del poder político y del manejo discrecional de los recursos públicos, así como una reforma en materia de rendición de cuentas.

Ésta es sólo un mecanismo que atañe a la representación política y quizá de gobernabilidad , pero de ninguna manera incide en un mejor gobierno; pocos serían los beneficios para los ciudadanos de a pie que demandamos mayor seguridad pública, certeza en las inversiones, mejores servicios públicos y más libertades políticas.

La segunda vuelta electoral es una solución de los dirigentes políticos para la amenaza que les plantea el acceso de un outsider al poder en sus privilegios y canonjías políticas.

En las condiciones electorales del país, parece más una estrategia para eliminar cualquier posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador acceda a la Presidencia de la República, resulta un mecanismo lógico para que el tercio de los fieles a AMLO no le sea suficiente para ganar, bajo el supuesto de que, como zombis, los electores de PRI, PAN PRD se aglutinarán en contra del abanderado de Morena.

Dicho mecanismo sería un reto logístico para la organización de las elecciones e implicaría la instalación por parte del INE de 150,000 casillas y movilizar a 1 millón 250,000 funcionarios de casilla para cada elección en un periodo de un mes, con el consecuente costo económico que ello significaría.

Otro aspecto fundamental es el financiamiento público y cuál sería la posición de los partidos: 1) otorgar financiamiento adicional a los finalistas, y 2) repartir la misma bolsa entre los partidos, lo que haría que los finalistas tuvieran mayor acceso a recursos, en detrimento de la chiquillada que seguramente no serán finalistas.

La segunda vuelta es una estrategia de contención electoral, con los niveles de confianza que se tienen en el INE y en su presidente consejero, Lorenzo Córdoba, y parece ser una solución francamente innecesaria y costosa.

Twitter: @ErosalesA