Bien le decía Talleyrand, ministro de relaciones exteriores, a Napoleón, “con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa, menos sentarse sobre ellas”.

Un gobierno civil no puede depender del Ejército para gobernar y no puede darle un poder económico que ponga en riesgo las libertades y la democracia. En nuestro país, desde el 68, no veíamos tanta presencia del Ejército en las calles y en las carreteras.

Por más que lo digan, la Guardia Nacional no es civil, es militar, ya que está constituida fundamentalmente por soldados y mandos militares. Da miedo ver en las calles y carreteras a personal uniformado y armado como soldados.

No es causando miedo a la población como se va a reducir la delincuencia, el miedo de la población no lo comparten los delincuentes. Lo único que hace la Guardia Nacional es recorrer las calles, sin poder realmente intervenir en los delitos relacionados con la seguridad pública. No pueden, aunque lo quisieran, sustituir a las policías estatales y municipales.

Como se ha dicho en varias ocasiones, la seguridad pública se garantiza de abajo hacia arriba, desde la comunidad y el municipio, desde los lugares donde vive la gente, las colonias, los barrios, los pueblos, y los únicos que pueden garantizar esa seguridad son las policías que pueden dar confianza y no miedo a la gente.

Después de más de 15 años de dar la responsabilidad total al Ejército y a la Marina en la lucha contra los cárteles de la droga, el resultado es un total fracaso, no sólo la violencia ha crecido sino las organizaciones criminales se han fortalecido.

No se entiende por eso, cómo se le dio la responsabilidad de la seguridad pública a las Fuerzas Armadas, cuando no han podido con la seguridad nacional. Menos se entiende que se les dé la construcción y operación del aeropuerto, la distribución de gasolina, parte de la construcción del Tren Maya, la construcción de las sucursales del Banco de Bienestar y ahora de la operación de los puertos del país.

¿Era realmente necesario dar esas responsabilidades al Ejército? Siempre se dijo que al meter al Ejército en la lucha contra el narcotráfico se corría el riesgo de que fuese penetrado por éste; dar obras y negocios al Ejército puede provocar la corrupción en las Fuerzas Armadas.

Después de año y medio de la creación de la Guardia Nacional no ha habido resultados, el número de homicidios dolosos no ha disminuido y se mantiene en niveles altísimos con relación al número de habitantes. Nuestro país está en el doceavo lugar entre los países más violentos del mundo.

Calderón cometió el error de declararle la guerra al narcotráfico, López Obrador está cometiendo el error de meter al Ejército a las calles. El problema no es meterlo, el problema va a ser sacarlo de las calles y de los negocios. Un hombre demócrata de izquierda nunca le apostaría a la militarización en tareas que sólo corresponden a un Estado civil.

Llegó el momento de hacer una revisión profunda de la forma que debe operar el Ejército en una democracia, de definir una nueva estrategia para garantizar la seguridad pública a la gente y de limitar las acciones del Ejército en tareas que sólo corresponden a un gobierno civil, llegó el momento de apostarle a fortalecer las policías estatales y municipales y llegó el momento de sacar a los soldados de las calles.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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