Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Personas con discapacidad auditiva: entre el silencio y nuestra responsabilidad

Linda Atach Zaga

“El silencio es lo último que el mundo escuchará de mí”

Marlee Matlin

Este texto está dedicado a Cesarina Delgado, a Noé Romero y

a todas las personas con discapacidad auditiva

en México y el mundo.

El famoso dicho popular de “quien que calla otorga” tiende a ocuparse para aclarar que, si no se presenta objeción sobre lo expresado por otra persona y, por el contrario, se guarda silencio, se le está concediendo la razón al otro. En pocas palabras, esto se traduce con la idea de que el silencio del oyente acredita al parlante y acepta su argumento por el sólo hecho de no refutarlo. La realidad es que no todos los silencios muestran asentimiento, menos aún, cuando provienen de personas con la imposibilidad de escuchar lo que se les dice.

El 28 noviembre de 2019, en plena conmemoración del Día Nacional de las personas sordas,  la Comisión Nacional de los Derechos Humanos indicaba la existencia de más de 690,000 personas con discapacidades auditivas en nuestro país, también urgía priorizar, desde el modelo de derechos humanos emanado de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el desarrollo de políticas públicas capaces de proporcionar la completa inclusión en la sociedad de las personas sordas para lograr una vida digna y ejercer los derechos fundamentales: educación, la incorporación al mundo laboral y el acceso a los servicios de salud.

Pero, ¿Cómo puede acceder una persona no oyente a sus derechos fundamentales sin comunicarse? ¿Cómo dialogar, solicitar y tramitar algo cuando las herramientas de las personas sordas para enterarse de lo que le corresponde por ley están tan limitadas?

Lo confieso con mucha vergüenza: estudié inglés por obligación y francés por gusto; entiendo el árabe y el hebreo por un capricho del destino, pero jamás, jamás, me había pasado por la cabeza la idea de incluir entre mis aspiraciones lingüísticas el estudio de la Lengua de Señas Mexicana (LSM). Tomé conciencia de esta responsabilidad cuando la vida me presentó el desafío de comunicarme con un grupo de personas sordas. Me sucedió hace pocos años, cuando realizabamos una investigación para la curaduría de la exposición “Así Soy. Personas con Discapacidad”, que se presentó en el Museo Memoria y Tolerancia de la CDMX, en invierno de 2018.

Con el fin de ofrecer una experiencia vivencial, generar empatía en el público vistante y visibilizar el complejo día a día de las personas con discapacidad, trabajamos de cerca con personas autistas, con discapacidad motriz, auditiva, intelectual y visual. De una forma u otra, pudimos comunicarnos e intercambiar ideas con todos los invitados a colaborar menos con las personas sordas: entre nosotros se interponía una barrera infranqueable, un grueso muro de afonía que nos hacía depender de intérpretes, en su mayoría gente cercana que por amor, necesidad y en muchos casos, obedeciendo a un sentimiento de solidaridad, se consagraban a aliviar el doloroso aislamiento en el que viven quienes no escuchan.

Retomo el tema gracias a Netflix, a Eugenio Derbez, a la grandiosa Marlee Matlin y al valiente elenco del filme “CODA. Señales del corazón”. Inspirada en “La familia Bélier”, la película subraya las dificultades y el dilema humano que toca la vida de la joven Ruby Rossi,  hija y hermana de sordos que llega a poner en duda un flamante futuro musical por su deber en la embarcación pesquera de la familia, en la que es intérprete y el único contacto con el exterior.

Sin muerte, ni sangre, velocidad o efectos especiales y con un presupuesto modesto en comparación a las creaciones que la acompañan en las nominaciones, CODA vuelve a lo básico mostrando la empatía del buen maestro, la renuncia de los padres en bien de la hija y la dulzura del amor adolescente, sin dejar de lado el áspero mundo de la discriminación, la cerrazón y el perjuicio. Un perjucio que creo, específicamente en el caso de la sordera, proviene de la ignorancia. Creemos que las personas sordas “sólo viven en silencio”, mientras desatendemos y minimizamos -porque tampoco entendemos-, el drama de su  incomunicación.

En un mundo que se empeña en mal agradecer la paz, la salud y la humanidad, el ejercicio de CODA nos invita a reconectar y a sentir. También a entender la urgencia de aprender la Lengua de Señas, empezando por la mexicana.

Temas relacionados

Linda Atach Zaga

Linda Atach Zaga es historiadora de arte, artista y curadora mexicana. Desde 2010 es directora del Departamento de Exposiciones Temporales del Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete