Desde hace muchos años fui y soy fan de Miguel Bosé. Cuando era joven me parecía un hombre muy guapo, ahora en su madurez insiste en ser igual de guapo y encantador. Me gustan y gustaban sus canciones y en aquellos años lejanos de los CDs (y aún antes) yo compraba toda su música. 

Conozco también perfectamente a Paty Navidad, una mujer muy bonita, divertida, celebridad principalmente televisiva, a quien identifiqué plenamente cuando trabajó hace ya algunos ayeres en una telenovela protagonizada por mi sobrina Angélica. Pues miren lo que es la vida… estos dos famosos del rutilante mundo del espectáculo tienen algo en común que me resulta tremendamente desconcertante: son negacionistas.

Y esto lo digo en una semana muy complicada para México cuando hace apenas unas horas llegamos ¡en solo un día! a los 22 mil 711 casos de contagio y 727 defunciones por COVID-19. Esta es la cifra de contagios más alta que hemos registrado en nuestro país. ¡Que terrible!

Con estos datos seguimos ocupando el cuarto lugar a nivel mundial de los países que han tenido más fallecimientos: Estados Unidos, Brasil, India y México. La preocupación por esta situación, derivada al parecer de la velocidad de contagio alcanzada por la variante Delta, tiene de cabeza o debería de tener a todo el mundo.

El tema es qué a pesar de estos números escalofriantes, aún existen millones de hombres y mujeres, como Bosé o Navidad, que se niegan a aceptar la existencia de este bicho letal que nos ha cambiado totalmente la vida cuando no nos la ha quitado.

Los mentados negacionistas creen, gracias a una buena combinación de ignorancia, frivolidad e irresponsabilidad, que el virus no existe, que en caso de ser real se cura con remedios caseros o adminículos rústicos o que el coronavirus fue creado como un disfraz para que los gobiernos mundiales puedan “deshacerse” del excedente de humanos. Tampoco siguen las recomendaciones de las autoridades sanitarias, ni cubrebocas, ni sana distancia, ni nada de nada. Total—dicen—de algo hay que morirse y eso de vacunarse tampoco les interesa, no vaya a ser que los “reptilianos” (o cualquier otro extraterrestre) en complicidad con algunos tiranos desalmados te introduzcan un microchip para tenerte controlado. ¡Asombroso!

El grave problema que estas actitudes representan para la supervivencia de nuestra especie es muy grande. Los que no se cuidan se contagian y contagian, los que no se vacunan contagian y se contagian y así sucesivamente hasta que ante tanta tontería todos caigamos grave o medianamente afectados.

Miguel Bosé ha llegado a decir que “el coronavirus es la gran mentira de los gobiernos” o que “es una estrategia de Bill Gates para inyectarnos el famoso microchip y así darnos instrucciones por el celular”. Y ya para que hablamos de que la enfermedad  desaparece si te inyectan un detergente con cloro o que con una hermosa una estampita puedes detenerlo. 

Poderosos o no poderosos. existe una buena cantidad de negacionistas que ponen en grave peligro a todos los que estamos luchando día a día por salvarnos y salvar a otros.

Un caso particularmente lamentable es el de Paty Navidad quien durante todos los meses de la pandemia se dedicó activamente a decir que la COVID-19 no existe, que es solo un instrumento propagandístico de dominación de los gobiernos y que no había que cuidarse ya que no era necesario. 

Con tristeza les comento que actualmente Paty está internada por haberse contagiado con este inexistente, pero maligno personaje y se reporta “grave, pero estable”. De verdad le deseo pronta recuperación.

Espero que las experiencias amargas que estamos viviendo nos conminen, siendo asintomáticos o no, a pensar seriamente en cuidarnos y cuidar a los demás. Todos estamos conectados, como dentro de un hormiguero, interrelacionados de una u otra manera. Lo que hace uno nos afecta a todos, tal y como lo expresa la teoría del Caos. Seamos mejor solidariamente responsables. 

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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