La estatura geopolítica de México crece desde el Consejo de Seguridad de la ONU.

Creado por las potencias militares vencedoras de la Segunda Guerra mundial, el Consejo de Seguridad tiene una loable razón de ser: intercambiar visiones y acordar decisiones para evitar acciones unilaterales que pueden llevar al mundo a una nueva confrontación militar.

La naturaleza de las decisiones que toman sus miembros es vinculante por lo que convierten al Consejo de Seguridad en el órgano de Naciones Unidas con mayor influencia.

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, el mecanismo evolucionó gracias a los consensos que existieron entre los miembros permanentes, así nacieron los comités de sanciones o de atención a problemas específicos, por ejemplo, la proliferación de armas de destrucción masiva, un tema en el que México ha trabajado con ahínco a lo largo de su historia. En 1982 fue galardonado con el Nobel de la Paz Alfonso García Robles por haber motivado el Tratado de Tlatelolco (1967), referente a la no proliferación nuclear, y por sus brillantes participaciones en las Sesiones Especiales para el desarme en la ONU (1978 y 1982).

La última participación de México en el Consejo de Seguridad ocurrió hace 10 años, durante el bieno 2009 y 2010. Bajo la idea de que México debía participar con mayor regularidad en el Consejo de Seguridad, en 2004 el gobierno del presidente Vicente Fox presentó la candidatura para ese periodo. El embajador Claude Heller se desempeñó de manera destacada como representante permanente de México. Entre los temas que tuvo que abordar se encuentran: el conflicto interno en Sri Lanka, la operación “Plomo fundido” en Gaza y el lanzamiento de cohetes hacia el sur de Israel y el hundimiento del buque de guerra de Corea del Sur “Cheonan” por parte de Corea del Norte, entre otros.

El propio embajador Heller ha comentado que el Consejo de Seguridad representa “la crema de la crema” de la diplomacia internacional. Se trata del mayor escaparate internacional en materia de seguridad y dará a México mayor visibilidad estratégica en cuanto a la negociación de conflictos, solución de controversias, el fortalecimiento del Estado de derecho, la promoción del derecho internacional humanitario y toma de decisiones.

Desde el próximo 1 de enero y hasta el 31 de diciembre de 2022 la misión permanente de nuestro país, encabezada por el doctor Juan Ramón de la Fuente, tendrá sobre su escritorio los conflictos de seguridad internacional más delicados, pero tendrá la fortuna de articular soluciones que podrán evitar el desencadenamiento de escenarios de mayores conflictos. La candidatura fue propuesta desde 2011, bajo la presidencia de Felipe Calderón, y ratificada en 2018 por el presidente Peña Nieto.

Durante el exenio pasado también se tomó la decisión acertada de participar en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP), necesaria para fortalecer la autoridad del país en el tratamiento de las situaciones de conflicto. La asignatura estaba pendiente.

Sin lugar a dudas es una buena decisión del presidente López Obrador el hecho de que ratificara su interés por ocupar el asiento del Consejo de Seguridad porque su presencia le otorgará un rasgo internacional de enorme valor a su gobierno.

Son varias externalidades positivas las que obtendrá México durante los próximos dos años. Destacan: tendrá acercamiento con los 14 países que conformarán el Consejo de Seguridd (incluyendo los cinco permanentes: Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Rusia y China); podrá realizar alianzas estrechas con varios de esos países más allá de los dos años que dura el periodo; es una buena oportunidad para que la estructura diplomática en organismos internacionales de la cancillería evolucione gracias a los diplomáticos de carrera; podrá demostrar al mundo el contenido de su agenda diplomática en la que se ha especializado a lo largo de varias décadas, es decir, México crecerá de estatura en el ámbito de la geopolítica.

La diplomacia mexicana vivirá dos años de una manera muy intensa. Por la paz, siempre valdrá la pena.