Arturo Herrera, secretario de Hacienda, con su cercanía, podría imbuir en el presidente sensatez y templanza en la conducción de la política económica...

La experiencia cotidiana lo ha comprobado: los mejores días del autodenominado gobierno de la Cuarta Transformación transcurren cuando el presidente López Obrador no habla —no hace uso de la palabra— y no anuncia medidas o acciones de política pública. El gran problema es que esos días favorables casi no ocurren en razón de que su estilo personal de gobernar lleva casi inexorablemente al mandatario en el sentido contrario. Y es ampliamente sabido que ese estilo personal de gobernar es el de la incontinencia verbal, principalmente en las conferencias mañaneras, y el de las ocurrencias voluntaristas generalmente carentes de fundamento técnico.

Come es sabido, la retórica del presidente López Obrador se destaca por tres características: su agresión en contra de antagonistas, el intento por distraer y desorientar y su embestida permanente en contra de la prensa independiente o crítica. Quizá no sea casual la coincidencia con el presidente Trump en este último sentido comunicacional. Todo lo anterior es ampliamente conocido, pero lo que casi no se ha destacado y menos estudiado, son los efectos de ese estilo retórico sobre una convivencia social armónica y sobre todo sobre una buena marcha de la economía.

Y en cuanto a las medidas de gobierno, las que discurre el presidente suelen ser producto de preconcepciones o si no altamente controvertidas. Es una fortuna que en tiempos recientes no se haya tenido noticia de nuevas cancelaciones de inversiones en proceso, pero el país se encuentra todavía en medio de la tormenta por la extinción de 109 fideicomisos públicos destinados a fines específicos de interés general.

La polémica subsiste. En la prensa de ayer 14 de octubre, apareció una breve nota sobre la manifestación frente al Senado de académicos, investigadores y estudiantes afectados por la medida. Comprensiblemente, se sienten ultrajados. Será, posiblemente, porque integran un segmento de “conservadores” y “neoporfiristas”. Ello en un contexto en el que los pronósticos prevén una contracción de la economía mexicana en el 2020 de alrededor de 10 por ciento.

Con todo, se vislumbra al fondo del túnel una luz de esperanza. Esta esperanza encarna en la figura sensata y cerebral del secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Con su prudencia y su perspicacia aunada a su cercanía con el presidente López Obrador, el funcionario podría imbuir en su presidente la sensatez y la templanza que se requiere en la conducción de la política económica del país. ¡Ojalá que así ocurra!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico