Las tres locomotoras de la economía mundial, Estados Unidos, la Unión Europea y China, necesitan carburantes nuevos para funcionar mejor. De ellas depende en gran medida el crecimiento económico, la globalización, las finanzas, el comercio mundial, la tecnología. Su influencia al resto del mundo es determinante.

Las tres se encuentran inmersas en un entramado conflicto de vacío de cooperación y afectación del orden internacional, cuyo eje es EU por la conducción unilateralista de Trump, proclive a no suscribir iniciativas globales y quebrantar normas internacionales básicas.

El crecimiento económico de EU para este año continúa en su fase expansiva que viene de atrás, pero que se está neutralizando por la desaceleración de su industria, como una consecuencia de la guerra comercial que emprendió contra China y que está afectando las cadenas de valor industrial. Para darle oxígeno a la economía. La Reserva Federal, el banco central de EU, ha bajado las tasas de interés.

La Unión Europea está en crisis de crecimiento económico, con recesiones y tasas de alrededor de cero, también mantiene bajas las tasas de interés e, incluso, negativas.

El Banco Central Europeo (BCE) sostiene que los gobiernos deben contribuir a la recuperación económica a través de políticas expansivas. Este banco ya lleva años insistiendo en que los países que tienen un mayor margen fiscal, como Alemania, deben realizar más gastos, fundamentalmente de inversión.

La nueva presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló hace unos días:”La inversión es particularmente importante en la respuesta a los retos de hoy, porque es tanto la demanda de hoy como la oferta de mañana”. Le asiste toda la razón.

China se reacomoda y sostiene un crecimiento de 6%, alto en comparación con todos los países, pero menor que los años precedentes. La demanda china en el mercado internacional se ha reducido como una consecuencia de la guerra comercial. Sobresale el frenazo en el volumen de compras a Latinoamérica.

Para los próximos años, el crecimiento económico de América Latina estará afectado por cuatro factores externos: el bajo crecimiento de las economías desarrolladas, las menores importaciones de China, los precios de las materias primas y el costo del capital.

Estos cuatro factores no están en su mejor momento, particularmente los precios de las materias primas que se sitúan lejos de los niveles de hace 10 años, cuando la región pudo escapar de la crisis del 2008. Sólo las tasas de interés le dan respiro a la región.

La perspectiva latinoamericana estará condicionada por los factores mencionados. Pero además por el notable surgimiento de protestas populares a los gobiernos que han seguido una política económica que descuidó a la sociedad y que ya se pagan sus costos.

Hay una distancia entre lo que las sociedades quieren y lo que ofrecen los gobiernos. Los movimientos sociales quieren más fuentes de trabajo, mejor salud y seguridad social, más y mejor educación; protección a zonas indígenas, mayores pensiones a los adultos mayores, derechos civiles expresados en la más legítima de las formas democráticas y el consenso real.

Chile, un país considerado por los organismos internacionales como un modelo a seguir en toda América Latina, su sociedad ya salió a la calle a plantear sus demandas. El gobierno además de reprimir ha tenido que activar una agenda social para intentar superar la desestabilización. Pero las protestas continúan y ahora tienen el respaldo de intelectuales y artistas.

El mensaje que estamos oyendo es que las sociedades quieren tener un lugar primario en la expansión de la democracia y la justicia.