Los venezolanos huyen de Nicolás Maduro, pero cuando llegan a México para intentar cruzar a Estados Unidos, se encuentran un panorama desolador que demuestra que su tragedia no tiene ni límites ni fronteras.

Con base en datos proporcionados por la organización Human Rights Watch, la mayoría de los venezolanos que se encuentran en nuestro país bajo el programa de “Quédate en México”, puesto en marcha por la administración de Donald Trump, han declarado que policías, agentes de migración u organizaciones criminales intentaron extorsionarlos en tierras aztecas.

Incluso, en 16 casos que se tienen registrados en el reporte de la ONG, los solicitantes de asilo manifestaron que agentes de migración o policías mexicanos los sacaron de autobuses o de filas en el aeropuerto y amenazaron con deportarlos, matarlos, o entregarlos a los cárteles si no les pagaban un soborno.

Mientras que en otros 27 casos, se indicó que grupos criminales los habían interceptado en cruces fronterizos, estaciones de autobús, hoteles u otros lugares en ciudades fronterizas y que además les habían pedido miles de dólares a modo de rescate o a cambio de protección.

No obstante, esto también sucede con los que llegan en avión. Recientemente el ciudadano venezolano Andrey Alexander Alizo González, llegó a México proveniente de Medellín, Colombia para explorar una oportunidad laboral y fue secuestrado por una red de trata en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México el pasado 25 de junio.

Pasó cinco días privado de su libertad, después de que la persona que lo recibió en el aeropuerto lo retuviera para trasladarlo de inmediato al lugar de reclusión. A partir de ahí comenzaron a contactar la familia del joven de 22 años en Venezuela para exigir un rescate, que cuando fue recibido por los secuestradores, les sirvió de motivo para cortar la comunicación e intentar venderlo a otro grupo criminal.

Lapso en el que el grupo antiextorsión y secuestro de la policía mexicana, logró interceptarlo y liberarlo junto a otros 10 venezolanos que permanecían en poder de esta red de trata. De la que se sabe que ya lleva tiempo establecida en México y que además también están implicados venezolanos, en su mayoría del paraíso petrolero de Maracaibo, y que son liderados por una mujer a la que llaman “la maracucha”, que supuestamente tienen contactos en Migración, en el aeropuerto y en la policía.

Realidad que apunta al creciente mercado que representan los migrantes venezolanos que llegan a México, por avión o por tierra, en busca de una vida mejor. Corriendo el riesgo de acabar siendo víctimas de esta red criminal que los expone a la extracción y tráfico de órganos o a la explotación sexual o laboral.

Situación que aunque con sus diferencias, no deja de ser similar al infierno que se vive en su país de origen, con cualquier esperanza de una vida digna apabullada por el régimen de Nicolás Maduro, que además ha adoptado el combate a la libertad de expresión como estandarte.

Puesto que la mayoría de los migrantes, más allá de huir de la hambruna, reportan haber sufrido abusos por parte de agentes de las fuerzas de seguridad venezolanas, y por grupos armados partidarios del gobierno, conocidos en Venezuela como “colectivos”. Tan sólo por haber sido miembros de partidos políticos opositores o activistas políticos. Así como también haber participado en manifestaciones, en algunos casos en reclamo de servicios esenciales como agua y electricidad, o haber sido funcionarios públicos que se habían negado a participar en eventos a favor del gobierno o que habían compartido alguna imagen crítica del gobierno en redes sociales.

Así la extensión de esta tragedia que no tiene fin.

El último en salir apague la luz.

@HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

Lee más de este autor