Existen innumerables estudios que muestran que los seres humanos frecuentemente somos afectados por un sesgo de sobreconfianza, que nos hace pensar que tenemos capacidades o conocimiento superiores a los que en los hechos tenemos; lo cual nos lleva a tomar decisiones incorrectas o a asumir que las opiniones que expresamos son fundadas o válidas.

Frecuentemente, particularmente hoy, con el apoyo de información digital de dudosa calidad obtenida en redes sociales y medios que se presentan como “alternativos”, las personas creen que son capaces de formar juicios y de contar con información válida, a partir de destellos de información imprecisa, frecuentemente de dudosa procedencia o sin soporte en datos duros, analizados y verificables; para expresar opiniones que ratifican y tratan de encontrar algún tipo de justificación, a las opiniones o visiones que previamente ya tenían.

Existen incluso estudios como los llevados a cabo en la Universidad de Chicago por Kardas y O’Brien, que muestran que algunas personas que ven a otros expresar opiniones o mostrar lo que creen que son habilidades específicas (ya sea físicas o de análisis), pueden incrementar su sobreconfianza, como si la supuesta habilidad de terceros pudiesen incorporarla a su conjunto de habilidades, simplemente por medio de la observación.

En otro experimento descrito en el artículo When Knowledge Knows No Bounds de Atir, Rosenzweig y Dunning, se encontró que las personas que se auto otorgaban altas calificaciones en conocimientos por ejemplo de conceptos financieros, incluso llegaban a afirmar que conocían el significado de conceptos que se les presentaron, pero que, para efectos del experimento, fueron inventados.

Lo mismo ocurrió con otros ámbitos de conocimiento, como la geografía o la biología, con personas que, sin tener conocimientos formales declaraban tener altos conocimiento y capacidad en esos temas, que también aceptaban sin dudar, la existencia de conceptos falsos creados para propósitos de la investigación.

Hoy, este fenómeno lo encontramos diariamente en la información que circula en redes sociales, en donde, con frecuencia, las personas parecen soportar su opinión (como si fueran efectivamente expertos en los temas), a partir de notas aisladas, frecuentemente falsas o incongruentes, que han capturado de manera arbitraria en distintos medios, normalmente porque creen que en parte reflejan una visión general que previamente tenían sobre ciertos temas.

Twitter o facebook que están plagados de ejemplos en los que personas sin conocimiento mínimo pueden asumir como  ideas propias conceptos o información, defenderlas y difundirlas, como si fueran hechos probados, datos o visiones sin sustento; presentándolos además como evidencia palpable que reafirma su “conocimiento” sobre ciertos temas y que soporta y creen que da validez a su opinión, en temas políticos, sociales o económicos; particularmente cuando son referidos a problemáticas complejas, que afectan a nuestro país y nuestra sociedad.

El diálogo o la discusión de problemas serios, que ameritan y requieren la participación de la sociedad, se vuelve complejo, cuando no absolutamente estéril, cuando las personas parten de la premisa de que conocen los temas, sin haber recurrido a fuentes, datos e instituciones cuya validez puedan soportar.

En el complejo escenario económico y político que hoy enfrenta nuestro país, éste fenómeno se encuentra detrás de una interminable discusión, frecuentemente inútil y sin sustento, que impide la mínima conformación de acuerdos y diagnósticos comunes para, entonces sí, discutir propuestas de solución viables.

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares