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La inversión en capital humano
Lo que no hagamos ahora en la inversión en capital humano, uno de los hilos que tejen la telaraña del desarrollo económico y social, lo lamentaremos mañana, como hoy por lo que no hicimos ayer.
Uno de los problemas más dramáticos es el de los ninis. De no cambiar su situación, el efecto negativo se sentirá en ésta y en otra generación. Será una población sin capacidad para el trabajo porque no tuvo educación. Se perpetúa este componente nefasto del subdesarrollo.
En la frase del escritor francés Victor Hugo (“abrir escuelas es cerrar prisiones”) se sintetiza toda la tragedia. Los ninis se convierten en drogadictos, criminales, violadores, dependientes económicos, mujeres jóvenes con embarazo precoz y otras calamidades.
Según el Censo de Población y Vivienda del 2010, son más de 8.5 millones de ninis. Incluye principalmente a los que se dedican al trabajo doméstico, particularmente las mujeres, a los que padecen alguna discapacidad, a los que abandonaron la escuela por carencias económicas, a los desempleados porque no encontraron trabajo. Son jóvenes que no optaron por ser ninis, sino por las circunstancias familiares caracterizadas por la precariedad y, además, porque la comunidad no les ofreció alternativas para su desarrollo.
La solución a la problemática nini está en la educación para aquellos que suspendieron sus estudios por problemas económicos familiares. Y ofrecer empleo para los que se encuentran en posición susceptible de que, mediante becas, puedan entrar al mercado de trabajo. Actualmente existe el programa de la Secretaría del Trabajo denominado Bécate, que consiguió empleo el año pasado para 100,000 jóvenes. Es un excelente principio, aunque insuficiente, dada la magnitud de las necesidades.
Sólo los ninis desempleados representan alrededor de 1 millón de personas. También el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos ha desarrollado un programa que es considerado modelo, se trata de Educar para el Trabajo. También es insuficiente por los recursos escasos con los que cuenta.
El candidato Andrés Manuel López Obrador tiene una propuesta, consistente en implementar un programa de becas para jóvenes. Tiene aspectos positivos, aunque de alcances parciales, porque excluye a las mujeres ninis que no tienen otra opción que dedicarse al hogar y que, en gran medida, son producto de la epidemia de embarazos adolescentes. También excluye a los jóvenes que no terminaron el bachillerato, que es donde se necesitan no sólo becas, sino mejorar la calidad educativa. Aun así es plausible que existan propuestas que abordan la problemática nini en la campaña electoral, reflejo de la importancia nacional que significa atender a estos jóvenes.
Si los jóvenes son el futuro, como reconoce el discurso humanista, el país tiene que hacer todo lo posible para mejorar su sistema educativo, cuyo aprovechamiento escolar está por los suelos, según muestra el Informe Pisa en sus pruebas. Asimismo, mejorar las perspectivas ocupacionales.
En un contexto global, la inversión en capital humano es tan importante como una macroeconomía estable, una microeconomía competitiva y una vasta red de relaciones con un mundo interdependiente y altamente competitivo. En un contexto educativo, ¿se quedarán fuera los estudiantes sin recursos? En un plano ocupacional, la destrucción de empleos en los niveles de menor formación obliga a un gran esfuerzo público.
