En los últimos años nuestro país ha mostrado avances en temas de inclusión laboral, pero aún tenemos retos que afrontar. Nos encontramos ante un México todavía desigual, donde algunos sectores de la población son excluidos y marginados.

Hoy es necesario escuchar, pero sobre todo atender las demandas y preocupaciones de quienes no cuentan con empleo estable. no podemos dejar de lado el reto que significa encontrar un trabajo de calidad para los jóvenes, para las personas con capacidades diferentes y para los miembros de comunidades indígenas, principalmente. Permanentemente escuchamos propuestas para alcanzar el crecimiento económico, pero pocos hablan sobro cómo se pueden generar esos tan necesarios puestos de trabajo.

En el 2017, la Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad estimó que a nivel nacional la población considera el desempleo como el tercer problema más importante que aqueja a su entidad. Un dato alarmante si lo contrastamos con las proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el 2018. En su informe de Perspectivas sociales y del empleo en el mundo, se espera que en México aumente ligeramente la tasa de desempleo de 3.5 a 3.7% en el 2019. Todavía estamos a tiempo de actuar para que esta proyección no se convierta en una realidad.

Tal vez el dato más revelador del informe de la OIT es que en América Latina está aumentando por tercer año consecutivo el número de trabajadores en condiciones vulnerables. Aunque México destaca por los ingresos relativamente altos entre las economías de la región, más de 50% de los puestos de trabajo son informales y muchísimos de ellos son precarios, mientras que en países como Chile, Brasil y Argentina apenas rebasan 40 por ciento. El reto entonces es no sólo crear más empleos, sino que éstos sean de mayor calidad, dignificando los salarios así como las condiciones laborales.

La generación de empleos destinados a la población femenina también representa un enorme desafío. De acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial (WEF), nuestro país debe esforzarse para integrar a más mujeres al mercado laboral para cerrar la brecha salarial y para disminuir su enorme participación en la economía informal. La población del país está compuesta por 52% de mujeres, pero menos de la mitad que son económicamente activas tiene un trabajo remunerado, contra 70% de hombres en esa condición. Este entorno nos mantiene en los peores lugares en el Índice de Empleo y Remuneraciones del WEF, donde Noruega es el país que lidera el ranking.

Así como las mujeres, existen otros grupos que se ven afectados por la falta de inclusión y desigualdad de oportunidades laborales. Empleos de calidad es el primer paso para iniciar un círculo virtuoso de prosperidad, con empleo se aumenta el consumo, el ahorro, se inserta al ciudadano en la formalidad y dramáticamente cambian las posibilidades para salir de la pobreza en comunidades enteras.

Definir sectores estratégicos para generar entornos empresariales efectivos debe ser una prioridad para la nueva administración. El presidente Peña Nieto ya dejó su legado con el establecimiento de las Zonas Económicas Especiales en las regiones más marginadas de nuestro país. De igual manera, se pueden generar entornos turísticos, industriales, educativos e incluso para la pequeña empresa a través de las cámaras; no olvidemos que una economía incluyente es aquella que genera empleos para todos, pero sobre todo, distribuye la riqueza que se genera de forma equitativa e inclusiva, y una propuesta concreta al respecto es lo que requerimos escuchar de nuestros candidatos a la Presidencia. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, AC.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Presidente del Instituto de Administración de Avalúos de Bienes Nacionales INDAABIN (desde el 16 de enero del 2013) y ex Presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.