Cuando el muro de Berlín fue derribado, en el mundo existían 16 vallas fronterizas, mientras que hoy en día hay 65 perímetros fortificados, ya terminados o en construcción, como el de Estados Unidos en la frontera mexicana (Ivan Krastev, La luz que se apaga). En las cifras subyacen las semillas del odio a la migración, los nacionalismos, los populismos y una lucha desenfrenada por dinamitar el mundo multilateral y la democracia liberal.

La Conferencia de Seguridad de Munich nos deja una serie de coordenadas que nos orientan frente al terror. “El mundo se ha vuelto menos occidental”, confirmó el embajador Wolfgang Ischinger, y ante la retirada de Trump del multilateralismo. Europa mira hacia China.

Heiko Maas, ministro de Exteriores alemán, comentó durante la inauguración del evento el pasado viernes que Estados Unidos ha dejado de ser el policía del mundo. En efecto, Trump se ha quedado sin las llaves de Oriente Próximo. Siria, Afganistán y África se vinculan más a Rusia, Turquía e Irán que a Estados Unidos.

“¿Qué ha salido mal?”, se pregunta Ben Rhodes, asesor y escritor de discursos de Obama en su libro El mundo tal y como es, en clara referencia a la victoria de Trump en el 2016.

En realidad, ha ocurrido una serie de sucesos que han minado la confianza en los políticos: los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York (2001), la segunda guerra de Irak, la crisis financiera del 2008, la impotencia de Occidente frente a la guerra civil siria, la crisis migratoria del 2015, el referéndum del Brexit y la victoria de Trump.

Ivan Krastev se pregunta en Munich: “¿Está la competencia ideológica siendo remplazada por la dependencia tecnológica?” La formulación de esta interrogante no es baladí. Huawei tiene forma del muro de la nueva Guerra Fría. Mark Esper, secretario de Defensa de Estados Unidos comentó en Munich que la adopción de la tecnología 5G de Huawei puede comprometer las históricas alianzas: “Si no comprendemos la amenaza que supone y no hacemos algo al respecto, al final la OTAN, la alianza militar más exitosa de la historia, se verá comprometida”.

Angela Merkel es partidaria de no vetar a la empresa china y Reino Unido no está convencido de tomar como propia la postura estadounidense. Macron va más allá al pensar en la autonomía militar europea y en su oferta de su paraguas atómico.

A la Unión Europea le falta apetito de poder, comenta Josep Borrell durante la Conferencia de Seguridad de Munich. Lo dice el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. En efecto, Polonia piensa más en el revisionismo de la Segunda Guerra Mundial frente a Rusia que en el futuro de la Unión Europea. Hungría intenta convertir su democracia en un régimen autócrata. Italia, con la amenaza de Salvini, azuza el odio hacia los migrantes.

El régimen oclocrático (gobierno de las masas, agregaría, a través de las redes sociales) eclipsa a la democracia liberal. Al decir 5G de Huawei también aparece Facebook (Cambridge Analytica) y su influencia sobre la opinión pública en elecciones presidenciales.

“Si cada ser humano nace original, ¿por qué tantos de nosotros morimos como copias?”, se preguntaba el poeta Edward Young hacia el año 1700, y 300 años después continúa vigente. La sensación de libertad en las redes sociales que existía en sus inicios fue un claro espejismo que echó abajo Edward Snowden. Los nuevos videojuegos llamados redes sociales con las plataformas que colaboran en la polarización de las sociedades.

Es claro que la conclusión de la Conferencia de Seguridad de Munich esboza el nuevo entorno político iliberal al que se enfrenta el multilateralismo, y en particular la nueva Guerra Fría que representa Huawei.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.