Luego de la guerra de acusaciones de corrupción que significó la elección en Estado de México entre el PRI y Morena, el siete vidas, Andrés Manuel López Obrador, termina el mes de julio liderando la encuesta presidencial, publicada por el diario Reforma (23 de julio del 2017).

No fueron pocos los ataques en contra de AMLO y Morena, el PRI mexiquense metió lo más granado de sus operadores para defender la vaca lechera que le significa ese estado, videos y entrevistas periodísticas, preparadas o no, pusieron contra las cuerdas a principios de junio al dirigente nacional de Morena.

Cuán grande es el hartazgo social, que a pesar de todas esas argucias el veterano dirigente de izquierda, versión 2017 galvanizada y recargada, sigue encabezando las encuestas. La estrategia del peligro parece no ser suficiente para persuadir a los ciudadanos de cambiar su preferencia electoral, Andrés Manuel López Obrador claramente sigue siendo el beneficiario de las pésimas gestiones de gobierno y el enojo social.

El panorama político es patético y poco cambiante desde hace seis meses, una gestión atípica (como diría el Dr. Mancera) del presidente Peña que deambula como zombi de un escándalo de corrupción a otro, con un PRI desplomado electoralmente, parece que el PRI le estorba al presidente Peña y el presidente le estorba al PRI, ¿en la batalla presidencial qué bando recogerá los restos de ese partido?

Un PAN que ni para arriba ni para abajo, a Margarita Zavala, segundona en la encuesta, no le alcanza para ganar, melosa y celosa con el tamaño de su preferencia, no quiere dar paso al cambio generacional, su proyecto político se encuentra muy desgastado. El pleito en el PAN mina sus capacidades de crecimiento.

La encuesta confirma un PRD mancerizado, cuya preferencia electoral es tan mediocre como la gestión del jefe de Gobierno de la CDMX, con o sin cartel de narcotraficantes incluido.

La noticia de las encuestas es que la alianza PAN-PRD ni pinta ni compite, parece que los electores perredistas antes que votar por el PAN orientan su voto hacia Morena.

En fin, desde hace meses la película no cambia, ciudadanos enojados engrosan el voto de AMLO, en tanto los partidos y sus tribus pelean entre sí, lanzando viejas estrategias a las que el Peje se ha hecho repelente. Fenómenos políticos como éste se han cocinado en otros países. Luego no digan que no les dije.

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