Seis meses o un año no harán diferencia para el país helénico, pero otorgarán margen a otras naciones de la zona euro que tienen grandes problemas de deuda.

Grecia no recibió una medicina sino la aspirina más cara de la Historia. Por eso no termina de salir del territorio de las incógnitas. Tres grandes preguntas están en el aire: ¿podrá seguir en la zona euro? ¿Será suficiente el segundo paquete de rescate de 130,000 millones de dólares? ¿Tendrá el gobierno griego la capacidad de implementar las medidas de austeridad a las que se comprometió?

Predominan las perspectivas negativas entre los expertos. Grecia no tiene la capacidad para seguir en la zona euro. Los 130,000 millones de dólares no son el gran remedio, sino un placebo. Del cumplimiento del gobierno griego de sus compromisos, habría que decir que Hércules la tenía más fácil con sus 12 trabajos. Grecia no cumplió compromisos más sencillos hace un lustro, cuando su economía iba bien y tenía paz social. La misión imposible será implementar cambios en un contexto de efervescencia social.

¿Por qué el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo comprometen tantos recursos a un plan que no rescatará a Grecia?, se preguntarán ustedes. ¿Por qué Alemania y Francia dedicaron tanto tiempo a producir una solución que nace casi muerta para Grecia? La respuesta hay que buscarla en un mapa más amplio. Los 130,000 millones no son para salvar a Grecia, sino para poner un muro de contención o cortafuego entre la crisis griega y el resto de Europa. El principal objetivo ya se cumplió, decía un diplomático alemán al salir de la reunión: ganar tiempo y evitar una quiebra desordenada.

El tiempo se traduce en oro, oxígeno y espacio para maniobrar. Seis meses o un año no harán diferencia para Grecia, aunque otorgarán margen a otros países de la zona euro que tienen grandes problemas de deuda, pero no una situación tan mala como Grecia. Ése es el caso de Italia, España o Bélgica. La construcción de un muro de contención en torno de Grecia permitirá disipar el riesgo de que haya un efecto dominó. Otorga un poco de orden a un mapa de riesgos que estaba descomponiéndose a velocidad de Fórmula Uno.

La estrategia europea del acuerdo en Grecia no se agota en la erección de un contrafuego. Para sus líderes es muy importante mandar un mensaje, sentar un precedente. El que se porte mal tendrá un enorme castigo. Empezará por perder soberanía fiscal y vivirá una humillación que se parece mucho a las condiciones impuestas a los países perdedores en una guerra: el gobierno griego deberá crear una cuenta especial para el servicio de la deuda. Esa cuenta será supervisada por la Troika, la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo.

Este mensaje quitará toneladas de autoridad al gobierno griego frente a sus ciudadanos, pero eso no importa. Le restará capacidad de operación política en un contexto de enorme indignación social. Eso tampoco importa. Grecia es la pieza de sacrificio del tablero de ajedrez.

Se trata de que Italia y España entiendan que deben ir a fondo con sus reformas y acelerar los cambios que llevarán a la reducción de los déficit en sus cuentas públicas. Europa ya entendió que Grecia no pertenece a la zona euro y ese aprendizaje le costó muy caro. De aquí en adelante es salvar lo que queda. Europa no puede perder a España ni a Italia porque eso sí sería el final del proyecto euro tal como lo conocimos.

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