Durante muchos años, el debate energético de México se ha centrado en la dependencia que tenemos del combustible y su baja producción en nuestro país, lo que nos obliga a importarlo del extranjero. No obstante, mientras el presidente electo y sus futuros miembros de gabinete se enfocan en la crisis de la gasolina, existe una alternativa de transición en el sector energético, por ser menos contaminante, más económica y que no está siendo visible: el gas natural.

A pesar de que uno de los objetivos de la reforma energética fue incrementar la producción de este carburante; según datos de Pemex, la producción de gas natural en México ha disminuido desde el 2009, teniendo una caída de 28% y según la Agencia Internacional de Energía; en el 2016, México fue el séptimo país que más importó unidades de gas natural a nivel internacional. Estas cifras indican que la producción de gas natural en nuestro país no está siendo considerada una vía alterna de generación de energía.

Si bien es urgente reducir la dependencia mexicana de la gasolina importada, la propuesta del nuevo gobierno de invertir al menos 12,000 millones de dólares para modernizar las seis refinerías de Pemex y construir una nueva, va en contra de las tendencias internacionales de generación de energías limpias. Por ello, considero que establecer un plan para incrementar la conversión de vehículos de gas natural sería menos costoso y más amigable con el medio ambiente, algo con lo cual científicos mexicanos como Mario Molina, ganador del premio Nobel de Química, concuerdan.

En el panorama internacional actual, el acceso a fuentes de energía eficientes, limpias y confiables, como el gas natural, se ha convertido en una de las ventajas comparativas más apreciadas por su valor estratégico. En el sector automotriz, representaría una reducción significativa de partículas contaminantes y de emisiones de CO2, así como ahorros en comparación con un vehículo de gasolina.

A pesar de que el uso de gas natural vehicular es más común en países europeos, en China y recientemente en Latinoamérica, en específico en Colombia, existe uno de los casos de éxito más recientes. Según la empresa colombiana Gas Natural, para mayo del 2018, como resultado del aumento en los precios de la gasolina, las conversiones a vehículos de gas natural en ese país incrementaron 131%, generando a su vez un impacto positivo en el medio ambiente y en las finanzas del país. México aún no ha explorado estas alternativas, las principales limitantes son: el reducido número de estaciones de gas, los engorrosos trámites administrativos para aperturarlas, además de la falta de un programa de incentivos fiscales y de financiamiento para los posibles usuarios. Imaginen a los 500,000 conductores socios de Uber en México que ganan entre 8,000 y 12,000 pesos al mes, ¡aumentando 40% sus ingresos! Éste y otros enormes retos estará enfrentando la siguiente administración pero la obligación de los especialistas, las calificadoras de riesgo, los tenedores de deuda nacional y las organizaciones ambientales, entre muchos más, será distinguir que una mala decisión en este sector pondría en peligro la estabilidad económica del México que queremos.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

SorayaPérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.