Pedro Sánchez cometió el peor error de su vida el día que decidió ir a las segundas elecciones antes de pactar un gobierno con Unidas Podemos.

Se presentó el 10 de noviembre a las segundas elecciones pensando, quizá, en el milagro de la multiplicación de los votos. No fue así; le creció la derecha extrema de Vox y el centro derecha (PP), pero el PSOE se quedó prácticamente con la misma cantidad de escaños que había ganado en las elecciones de abril.

Ayer, Pedro Sánchez regresó a la casilla de salida; cuando estaba a punto de llegar a la meta (acordar la abstención de ERC en la ceremonia de investidura que en principio sería entre Navidad y Año Nuevo), los dados lo llevaron a una casilla indeseable para su entorno político: la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de conceder la inmunidad parlamentaria a Oriol Junqueras, líder de ERC.

Es decir, Europa ha desenmascarado a la justicia española dejando al descubierto su rostro político.

Si Mariano Rajoy decidió judicializar la política, los jueces han decidido politizar a la justicia.

El escenario tóxico contó con la sobreactuación del Partido Popular y Ciudadanos. Por ejemplo, una de las figuras impresentables del PP es su vocera, Cayetana Álvarez de Toledo. En su cuenta de Twitter llega a conjeturas salvajes, por destructivas y antidemocráticas: vincula a ETA con la negociación de investidura entre Sánchez y Bildu. Para Cayetana, los nacionalistas son terroristas y los terroristas son Bildu o ERC. Lo mismo da.

Cayetana, Pablo Casado, Albert Rivera e Inés Arrimadas han construido un entorno ficticio y peligroso al vincular al PSOE con el terrorismo, la sedición y el anticonstitucionalismo. Desde su soberbia dividen el espectro político entre partidos constitucionalistas y anticonstitucionalistas. Sin embargo, pactan con la ultraderecha misógina de Vox en Andalucía y Madrid.

Desde Ayer el PP y Podemos han mutado al antieuropeísmo por la decisión que tomó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de otorgarle inmunidad a Junqueras desde que ganó un escaño en el Parlamento Europeo en las elecciones de mayo. Siete meses encarcelado de manera injusta, pero avalada su reclusión por la justicia española.

Ayer, mostrando síntomas de desesperación, el Tribunal Supremo español inhabilitó al presidente catalán Quim Torra durante los próximos 18 meses. ¿Coincidencia? No, clara desesperación. Al mismo tiempo, el Parlamento Europeo le abre la puerta a Carles Puigdemont.

En pocas horas, la decisión de un tribunal supranacional ha arrastrado al PP, Ciudadanos y al propio PSOE de Pedro Sánchez. El golpe ha sido tan duro que la sesión de investidura de Sánchez ha entrado a terapia intensiva.

Enric Juliana, uno de los periodistas más avezados en el tema del proceso independentista escribió en su cuenta de Twitter: “Próxima estación: ante el previsible bloqueo de la investidura de Sánchez, en enero, la España de orden planteará al PSOE la formación de un ‘gobierno de gestión’, para aprobar presupuestos, con otro presidente. Si se niega, terceras elecciones. ¡Francotiradores a sus puestos!”.

El miércoles del Barça-Madrid, el mundo atestiguó el spot político global resumido en pocas palabras: “Spain, sit and talk”. Ayer, el mapa ha cambiado. Ahora es Pedro Sánchez el que ha quedado arrinconado por la decisión del Tribunal europeo.

El PSOE ha perdido margen de negociación. El 25 de julio ERC le ofreció su abstención de manera gratuita. La desdeñó. Unidas Podemos le ofreció formar gobierno. Sánchez no quiso.

Cuatro meses después, la posibilidad de una investidura pasa por negociar con ERC el perdón a los independentistas que se encuentran encarcelados.

¿Qué hará Pedro Sánchez?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.